Creo que nunca llegué a esta isla, siempre he estado en ella. Los días y las noches son iguales, siento como si el tiempo pasase, y a su vez, no lo hiciera. Llevo siglos, años, meses perdido, habré recorrido la infinita costa la isla un millar de veces y nunca parece la misma cuando empiezo a caminar que cuando termino. Incluso mis huellas desaparecen, como si alguien las borrase tras de mí, pero aquí estoy solo. Dando vueltas a la isla una y otra vez. Que cómo sé que termino cada vuelta. Porque el sol vuelve a estar frente a mí.

El bosque del interior es un laberinto, adentrarse conlleva no salir, no sé qué hay en él, solo escucho el ulular del viento y voces que en algún momento me fueron familiares, pero ahora son sólo extrañas que repiten un nombre que estoy condenado a olvidar. Varias veces he querido adentrarme. No recuerdo haber puesto un pie dentro nunca, pero tengo la certeza de que lo he hecho varias veces, pero solo recuerdo la fina arena blanca rozando mis pies. Sé que he estado dentro de ese bosque. Lo he estado.

Y eso es lo peor de la isla, recordar que recordabas, pero no recordar lo que sabías. Tener siempre la sensación de saber algo que tu mente no sabe que existe. Estoy condenado a recordar que olvido y a olvidar lo que recuerdo. Intentar revivir lo que fue mi vida antes de la isla es como mirar un álbum de fotos expuesto al sol. Las imágenes pierden color y forma y terminan despareciendo. Pero ahí está la foto, un papel en blanco roto que sabes que tenía algo, pero ya no lo tiene. Ni rastro del recuerdo.

Al principio lloré por verme tan solo, olvidé el sabor de todo, la respiración de la cuidad, el ruido de las calles alborotadas. Olvidé hasta mi propio nombre. Ni rastro de si algún día amé o fui amado. Ni una huella que me diga como llegué a esta isla. Ni siquiera mis huellas me pueden llevar a donde desperté por primera vez. Ellas también me abandonaron.

Las olas tocan mis pies, creo que nunca intenté meterme en el agua. Y creo que es el momento de intentarlo. Las olas son fuertes, me cuesta avanzar. Cada vez cubre más. He recordado que he olvidado como nadar, me hundo, no puedo salir, me falta el aire. No puedo salir.

Escucho un pitido constante y múltiples voces ajetreadas, unas manos se adentran desde la marca del sol e intentan sacarme de las profundidades. Me agarran, tiran de mi a la superficie. Pero no me pueden sacar.

Ahora recuerdo como llegué a la isla. Ahora que estoy por morir.

Había un simple obrero trabajando, sin seguridad. El andamio sobre el que estaba era defectuoso, le faltaban piezas y estaba mal montado. En la ruleta rusa que era el andamio, al obrero le toco la bala. Se precipitó al vacío. Desperté en la isla.

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