No sé cuánto tiempo estuve vagando por esta playa solitaria. No hubiera podido decir realmente que el tiempo pasara, pues no parecía haber cambios en los astros que gobernaban los cielos. Tan solo la luna. Una enorme y pálida luna llena vigilaba permanentemente desde lo alto, provocando sombras al derramar su luz sobre este paraje yermo donde todo parecía muerto. Presentía que no tardaría en seguir ese mismo camino, pues todo lo que me había llevado a la boca me sabía a ceniza y el único arroyo que recorría la isla desprendía tal pérfido hedor que no me atrevía a beber de él. Y lo peor de todo, aquí no había nadie, más que yo y mis pensamientos que cada vez se volvían más y más perturbadores.

Iba caminando por la orilla sorteando el vaivén de aquellas aguas oscuras que serpenteaban por la arena fina como el polvo dibujando patrones ondulantes. De fondo, un quejido familiar comenzó a solaparse con la particular musicalidad de las olas invitándome una vez más a que a que le siguiera…

Volvía a casa después de un concierto nocturno cuando aquel murmullo se presentó por primera vez. Sonaba como un leve maullido amortiguado por el repiquetear de las gotas que comenzaban a caer. Agudicé el oído para orientar mis pasos hacia la desdichada criatura que parecía suplicar ayuda y al cabo de unos minutos lo vi. Un gatito muy pequeño, de color plateado, me miraba implorante con su único ojo mientras maullaba desconsoladamente en la entrada de un callejón. Quise acercarme a él, pero se apartó sin perder su mirada suplicante. Lo seguí casi por instinto hasta el cercado de un parque donde la criaturilla entró por una oquedad. Comprobé que era lo suficientemente grande como para que yo cupiera, así que persistí en mi intento de darle alcance. Una maraña de vegetación seca se arremolinaba formando un túnel que atravesé sin saber que al otro lado me esperaba una dimensión hambrienta de la más profunda desesperación.

Puede ser que mi imaginación después de mi permanencia en esta siniestra isla me estuviera llenando los sentidos de fantasmagorías, sin embargo, al oír de nuevo aquel lamento sentí una amarga punzada de realidad. Comprendí por qué había acabado en este lúgubre enclave y lo que quería de mí. No opuse resistencia. Encaré la inmensidad del océano y me entregué a mi fatal destino hundiéndome en las profundidades del abismo.

Comentarios
  • 4 comentarios
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 3 meses

    ¡Un mashup de Alicia de Carrol y una historia de Lovecraft! Muy logrado ese ambiente surrealista y terrorífico.

  • Not Today darkman @Farran hace 3 meses

    Uau!! Que oscuridad que destila este relato. Cuando vaga por la orilla, he visto al fondo el puerto de Innsmouth y ese callejón que seguro es de adoquines. Buena apuesta, que no ha recibido una valoración muy justa, a mi entender.

  • Felix.B @Felixbel hace 3 meses

    Me recuerda una experiencia personal cuando rescaté a un pequeño gatito. Me dio ternura leer tu relato y remontarme a aquel recuerdo.

  • @Jon_Artaza @Farran @Felixbel muchas gracias por pasaros a comentar! <3


Tienes que estar registrado para poder comentar