—Opportunity. —Descubrió tras de sí, Magnus, un ventanal que daba a toda una metrópolis submarina—. Una ciudad para nosotros.

El distinguido público se levantó de sus mesas y comenzó a aplaudir y vitorear a aquel hombre con un bastón con forma de palo de golf.

—Nosotros la construimos —dijo señalando a toda la sala—. La primera ciudad bajo el mar. Libre, lejos de las tiranías de la superficie.

Aún más vivaces, los aplausos engatusaban a Magnus. Empezó a agradecerlos con soberbia.

—El acceso a la ciudad estará controlado. —Alzó el dedo al aire mientras la vena del cuello se hinchaba como un globo—. Solo los dignos de Opportunity entrarán. Quien no sea digno e intente entrar…

El silencio que se hizo fue abrumador tras escuchar un ruido mecánico en el exterior de las instalaciones. Algunos susurros se escaparon hasta que toda la sala se fundió en un aspaviento unísono al observar, pegado al ventanal, el ojo azul verdoso de un enorme kraken mecánico que funcionaba por levas, engranajes y tubos.

—Será defenestrado y ejecutado por nuestro guardián… —Sonrió Magnus al ver a toda la sala impresionada— Kraken.

Volvieron a aplaudir todos y a gritar el nombre de Magnus.

—¿Y quiénes serán dignos de Opportunity? —preguntó retóricamente—. Quienes aporten, aquellos que quieran formar parte de nuestra familia, aquellos que abandonen la superficie y busquen asilo.

Se escucharon unos aplausos leves y asíncronos y unos cuchicheos se colaron entremedias.

—Estoy de broma —dijo a carcajadas que se contagiaron a la sala—. Nosotros somos Opportunity. Nosotros juzgamos la dignidad de las personas. Bueno, lo hará el Bureau de selección.

La sala comenzó de nuevo un aplauso, aunque con menos énfasis que los anteriores. La gente tendría las manos dolidas, o tal vez la idea del Bureau les parecía poca cosa frente a un kraken mecánico.

—Desde el Davy Jones’ Chest Hotel-Casino, —alzó un brazo y señaló las preciosas vistas submarinas—, les damos la bienvenida a su nuevo hogar.

La sala se sumió en un mar de palmas, silbidos y gritos.

—¡Viva Magnus! —gritó una mujer de entre el público—. ¡Viva Opportunity!

“¡Viva!” devolvió la turba de gente vitoreando el nombre del hombre con sombrero y bastón que se regocijaba en el ruido.

—Ahora, —pulsó un botón de su bastón—, una demostración de Kraken.

Una persona en escafandra comenzó a elevarse en el agua frente a la atenta y morbosa mirada de los invitados. Aquella figura se agitaba, pero la criatura mecánica se abalanzó sobre ella sin piedad.

Para desgracia de los invitados, la máquina golpeó con un tentáculo en el ventanal, dejando que el agua entrase a borbotones. No hubo tiempo para la evacuación, tampoco supervivientes.

La ciudad en las profundidades, Opportunity alberga una riqueza inmensa, pues el Davy Jones’ Chest Hotel-Casino contiene en su interior una de las mayores fortunas jamás almacenada. La de Charles Magnus, El visionario, que encerró en la caja fuerte de su hotel-casino todo su dinero en forma de oro.


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