Arrimada a la cortina de agua que separaba sus estancias del gran mar, Aquilia emitió un sollozo casi inaudible, cuando vio venir a madre.
—Mis deseos no son atendidos por nadie— aseveró con claridad.
—No digas eso, chiquilla— suplicó acercándose Demetria, madre de todas las ninfas acuáticas, conocedora de su pesar—. No te diré que sea una tontería, pero es un momento inoportuno para viajar.
—¿Y cuándo será adecuado? —Aquilia mantuvo el nivel de la queja.
—Eso no tiene que preocuparte —insistió madre—. Es tu deseo de encontrar el origen de esa luz lo que me inquieta.
—Me atrae ese rayo titubeante que se cuela entre la inmensidad del mar, nos marca evidentemente un camino a otra realidad desconocida—. Más calmada con su explicación, dejó escapar un suspiro.
—Siempre hay alguna cosa que nos captura los sentidos, sin una razón aparente. —Madre se acercó con cautela hasta la menor de sus hijas, pero la más inquieta—. No debe preocuparte de donde proviene esa luz. Imagina el sol como una leyenda. ¿Existe tal cosa? —Querría no mentirle madre.
—¿En ese otro lugar se respira agua? —ignoró Aquilia la pregunta de madre—. ¿Es cómo dentro de nuestras ciudades? ¿Hay algo más allá del agua? ¿Todo aquello que conocemos es solo agua? —Se retorció Aquilia, cuando Demetria intentó acariciar su pelo, largo, sedoso; color del mar.
—Nuestro mundo es inmenso —sentenció madre— y esta metrópoli es una más en este extenso océano de sal y agua, nuestra fuente de vida y alimento. No sabemos qué cosas horribles podrían existir más allá de nuestro hogar—. Madre intentó aplacar el desasosiego de Aquilia.
—Y ahora me dirás —insistió la pequeña— que esos extraños seres negros que vimos, con espejos en sus ojos y que soltaban burbujas que ascendían siguiendo esa luz, solo fue un sueño.
—Está bien—. Demetria se sentó frente a Aquilia en un banco rodeado de coral rojo. —Hay otro mundo de donde procede esa luz —dijo con un tono reservado en la voz.
—¡Lo sabía! —Saltó alborozada al cuello de madre con todo su diminuto pero asfixiante cuerpo. Las branquias de madre se contrajeron y no conseguía respirar bien.
—¡Pequeña! ¡No puedo coger aire! —Inspiró profundamente al soltarla.
La pequeña ninfa, a escasos centímetros de la cara de Demetria, mostró anhelo de nuevos secretos.
—¿Cuándo podré ir? —pidió deseosa.
—Siempre serás libre de ir —respondió sincera madre.
—Pero… siempre hay algún, pero. Ya lo veo. —Bajó su mirada al suelo de la habitación.
—Tienes aquí una metrópoli que en toda tu vida te será imposible conocer completa, con un océano inmenso alrededor, que cobija otras ciudades como esta. —Demetria miró a Aquila con ternura. —Y tú quieres averiguar de dónde viene ese rayo de luz que nos ilumina escasamente, y no siempre. —Inspiró comprensiva—. Algunas veces los sueños pueden tornarse pesadillas. No hemos sido creadas para vivir esa luz, pequeña. Por ahora es mejor crecer, observar y aprender. Llegado el momento... Poseidón dirá.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Interesante la relación madre-hija que se establece en el relato y cómo el deseo de proteger a veces frustra el desarrollo de lo extraordinario

  • Not Today darkman @Farran hace 6 días

    Gracias por tu visita @Kalleidoscope. Ya has visto más cosas tú que los dos suspensos que me lleve por parte de los comentaristas de turno que valoran bajo, más preocupados de encontrar faltas gramaticales que de leer lo que tienen delante. De todas formas, todo se puede mejorar y no desmerezco tu palmada, la agradezco un montón.


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