Abrí el dosier marcado como Confidencial y volví a leer la hoja de órdenes. Las coordenadas correspondían con… nada: un punto en mitad del océano. No decía más. Fruncí el ceño pero me puse en marcha, mi equipo esperaba al pie del helicóptero. Había cinco equipaciones de buceo en la cabina. Nos miramos y, sin decir nada, empezamos a vestirnos.

—¡Hemos llegado! —gritó el piloto señalando hacia abajo.

¡Okay! —contesté levantando el pulgar.

Uno a uno, saltamos en silencio al agua gélida del Atlántico Norte. Aún no había amanecido y estaba oscuro pero enseguida surgió una luz brillante desde el fondo. El descenso pareció durar una eternidad hasta que nuestros circuitos de comunicación interna comenzaron a emitir:

—Bienvenidos a Atlántida 51, para acceder a las instalaciones sigan mis instrucciones —dijo una monótona voz femenina.

El complejo subacuático era imponente, tenía al menos unas cuarenta plantas de envergadura y forma de platillo flotante. Sin anclaje, se mecía libre a muchos metros de la superficie. Tenía cientos de ventanas iluminadas. Una luz verde parpadeante marcaba la entrada.

Nadie nos recibió dentro, solo la voz misteriosa que ahora resonaba en las paredes blancas del recinto de acceso. Mi equipo me miró interrogativo.

—¿Qué es todo esto? —Caminé, perpleja, abarcando con los brazos la estancia—. ¡¿Para qué nos habéis hecho venir?! —grité al aire, ansiosa.

—Todo a su tiempo, sargenta Schmidt —respondió la voz.

—Estamos empezando a impacientarnos. ¿Cómo…? —titubeé— ¿cómo era tu nombre?

—No lo he dicho, sargenta Schmidt.

—¡Cuánto misterio, Comotellames! —Reí mirando al equipo para suavizar la tensión del momento. Ellos me secundaron.

—No he entendido el significado de la frase, sargenta Schmidt. —Hizo una larga pausa—. ¿Puede repetirla con otras palabras?

Todos rieron excepto yo que recorría la estancia buscando una puerta. Un silbido anunció la apertura de una. Nos giramos en su dirección y quedamos petrificados al ver entrar a cinco seres enormes. Vestían atuendos ajustados, blancos y brillantes. Lo más llamativo eran sus caras: ojos negros opacos, facciones aplastadas, piel traslúcida y ni un solo pelo.

—¡Bienvenidos! —El más adelantado se aproximó con los brazos extendidos—. Hace tiempo que esperábamos este encuentro. —Dejó caer sus manos de tres dedos a los costados.

Los cinco se colocaron en círculo y nos mostraron el futuro proyectándolo desde sus ojos. El espectáculo fue asombroso y espeluznante: las imágenes holográficas presentaban muerte y destrucción en un compendio de todos los horrores bíblicos amenazando la Tierra.

—Finalmente y aunque no formaba parte de nuestros deberes… —unieron sus dedos centrales, iluminándolos— hemos decidido intervenir —dijeron al unísono—. Trabajaremos sumando nuestras fuerzas.

Nos enseñaron paso a paso cómo íbamos a hacerlo: actuaríamos siempre guiados por los guardianes que poblaban los cientos de estaciones Atlántida, esparcidas por todo el planeta desde hacía miles de años. Otros tantos equipos como el nuestro se estaban uniendo en aquel momento a la lucha por la supervivencia.

«Así que esas leyendas eran ciertas —pensé—, ellos siempre nos han acompañado y... siempre lo harán». 

Comentarios
  • 3 comentarios
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    XD ¡No me lo puedo creer! Hemos dado visiones contrapuestas de una historia parecida. Fantástico.

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    XD ¡No me lo puedo creer! Hemos dado visiones contrapuestas de una historia parecida. Fantástico.

  • ELEEA B @eleea hace 1 mes

    @Jon_Artaza Y ya van dos con los piratas del pasado y del presente XD


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