Debo reconocerlo, despertar con aquella vista submarina era algo magistral. Por un momento creí estar en un sueño, pero el tacto frio de su mano contra mi espalda me confirmó lo contrario.

—Feliz aniversario —susurró a mi oído.

Aquello siempre lograba erizar mi piel.

—El mas feliz de todos —Incliné mi cuerpo deseoso hacia él esperando despertar aquella pasión perdida.

Me rechazó de una manera tan sutil que incluso me hizo sentir culpable. Un pequeño gemido de disgustó se escapó de mi pecho.

—¿Y ahora que te pasa? —preguntó enfadado—. Jesucristo. Yo me estoy esforzando aquí, y tu lo único que haces es quejarte.

 No respondí, después de tantos años había aprendido a callar.

—Además —continuó—, por siete mil dólares la noche mas nos vale aprovechar todas las actividades. Ya tendremos tiempo de coger cuando estemos en casa.

Sonreí tímidamente; como quien acaba de romper un costosísimo recipiente de cristal. Aunque tenia razón, después de todo cuantas de mis amigas podían alardear de haber pasado un aniversario en “Aquarium” la ciudad submarina mas lujosa del mundo. Recordé entonces que ya no me quedaban amigas, todas las había perdido con el paso del tiempo.

Antes de salir de excursión al HMS Sheffield, lo observé beber varias botellitas de brandy.

—No creo que sea buena idea mezclar buceo con alcohol —Inmediatamente me arrepentí de haberlo corregido.

—Jesucristo. ¿Ni siquiera en las vacaciones tengo permitido relajarme un poco?

—Pudieras, si supieras controlarte —cerró la puerta del mini bar bruscamente y se tambaleó hacia la puerta, hizo tres respiraciones rápidas y se puso su “careta” como él suele decir. ¿Por qué pensé que esta vez seria distinto?

Así pase mi quinto aniversario. Buceando entre miles de peces multicolores, arrecifes de cristal y naufragios antiguos; deseosa que desde las entrañas de una cueva submarina un monstruo marino resurgiera y me tragara viva.


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