Mi criado, y sin embargo amigo, Lasco me trajo una bandeja con un trozo generoso de exquisito faisán, aunque habia bebido bastante cerveza pude distinguir su sabor suave, aderezado con las hierbas de la huerta de nuestro rico anfitrión.

- Lasco -le dije a mi criado, cuando hube dado cuenta del suculento plato - traeme unas uvas rojas. Rapido y diligente, como siempre, se acercó al extremo de la gran mes, en la que, además de comida, se daban cita toda clase de cuerpos dedicados a las caricias y al placer, no obstante en casa de Davinio, nuestro anfitrión, se mezclaban ambas cosas, comida y placer. Mi querido Lasco me trajo unas uvas rojas y brillantes, muy apetitosas.

Di cuenta de ellas avidamente.

Estaba disfrutando del sabor, cuando, de repente, vi venir a mi criado hacia mi, corriendo -la vista se me nubla - Oscuridad, tranquilidad, calma

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