La comandante Bowen salió de la sala de comunicaciones. 
—Buenos días, Comandante —saludó el teniente Hickory.
—Sígame Teniente. —Tomó el pasillo hacia su camarote—. Convoque a los oficiales en diez minutos.
Hickory trasladó la orden a través de la emisora en su muñeca. Bowen, con paso ligero, le había ganado distancia.
—Comandante, espere. —Aceleró el paso hasta ponerse a su lado.
—Le veré luego, Teniente —respondió tajante mientras cerraba la puerta de su camarote tras de sí.
El teniente Hickory se quedó estático ante la puerta y miró a ambos lados, esperando que nadie hubiera visto el desplante. Dio media vuelta y observó por el ojo de buey la inmensidad del océano en que se encontraban.
Hacía siete años que esa estación subacuática de investigación se había convertido en su cárcel a la vez que su salvación. Les llegó la noticia de los lanzamientos nucleares junto con los cincuenta civiles que serían sus compatriotas a partir de ese momento. Con ellos, la población de la Estación Netherfield alcanzó los ciento cuarenta y ocho habitantes. Ahora eran ciento treinta y dos, con cuatro nacimientos y dos bebés mas en camino.
Decidió no esperar y se dirigió a la reunión. Por un pasillo lateral se le unió la teniente Liam.
—Buenos días, Hickory —saludó sonriendo—. ¿Qué necesita la comandante de tan buena mañana?
—No sé. —Abrió la puerta con su pase y la dejó entrar primero.
La teniente Liam pasó al interior y comprobando que eran los primeros en llegar saltó sobre Hickory y le besó apasionadamente.
—Te has ido muy temprano, Hick —dijo mientras separaba sus labios pero sin deshacer el lazo de sus brazos tras el cuello.
—Victoria, aquí no. —Con un rápido movimiento se desligó hacia atrás. —Pueden vernos.
—¡Vamos, Hick!. ¿En serio crees que no se han dado cuenta?
La puerta volvió a abrirse y entraron los tenientes Anderson y Grüller y el capitán Whristell. Tras ellos, la comandante que, sin tan siquiera sentarse, empezó a hablar.
—Señores, la siguiente información no pueden compartirla aún con nadie de su equipo. Con nadie —repitió con intensidad.
Liam y Hickory se miraron extrañados.
—He recibido indicaciones del mando para finalizar el simulacro. —El silencio inundó la sala. —Solo Whristell y yo conocíamos el verdadero propósito de esta estación: analizar el comportamiento social ante un desastre global tal que obligara a la humanidad a recluirse. Durante estos años se han construido veintitrés complejos como éste. Gracias a nosotros se sabe que es un refugio factible.
—Ahora la misión es garantizar una transición adecuada. —Whristell tomó la palabra mientras pasaba unas carpetas—. Este es el protocolo: en una primera fase les haremos creer que la Tierra vuelve a ser habitable.
Hickory recordó la vida que dejó, siete años atrás, de la noche a la mañana. Miró a Liam y se dio cuenta que el fin del mundo no había supuesto para él mas que el inicio de una vida plena, que ahora se hundía en la realidad.

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