—Hace tan poco solo éramos capaces de pensar en cómo nos íbamos a alimentar y míranos ahora: preparados para explorar la superficie. —Líder sonríe contemplando a sus colegas con orgullo.
—Mañana escalaremos la pared y venceremos su dureza con nuestras herramientas —añade Estratega—. ¡En unas horas, el conocimiento de lo que hay más allá será también nuestro!
—Desde que empezamos a usar la arena del suelo para construir nuestras casas y calles, nos hemos adaptado a todos los nuevos retos a tal velocidad que, si no lo hubiera vivido, no lo creería. Ahora tenemos la tecnología necesaria para respirar fuera del agua. —Después de una pausa, Líder exclama emocionado—: ¡Estamos en nuestro mejor momento!
—¡Estamos listos para hacer historia! —grita Estratega.
Los vítores de los exploradores resuenan en cada una de las burbujas creadas por su euforia. Todos los habitantes tienen la convicción de que están a las puertas de algo mucho más grande de lo que pueden imaginar. El grupo de reconocimiento había vuelto con información acerca de enormes montañas blancas y despeñaderos de paredes verdes. Pero, sobre todo, habían llevado el descubrimiento de aquella superficie suave que subía hasta el cielo y era tan blanda como las flores gigantes del suelo que ellos habitaban. Todos tenían teorías, pero la más extendida entre los científicos era que más allá de su mundo había vida inteligente. Si aquella pared colgante había sido creación de esas criaturas o era parte natural de su mundo era solo una de las muchas preguntas que iban a responder muy pronto.
—Recordad que mañana nos reuniremos aquí para repasar nuestras responsabilidades. —Estratega se hace oír en medio de las celebraciones—. Así nos aseguraremos de que nadie pase demasiado tiempo fuera del agua y evitaremos bajas innecesarias.
—Ahora retirémonos a descansar para empezar esta aventura con toda nuestra fuerza —concluye Líder, que abandona la reunión entre aplausos.

En mitad de la noche que los separa de aquel descubrimiento tan deseado, las aguas se iluminan y se tornan turbulentas. Todavía envueltos por el sueño, los ciudadanos sienten cómo el líquido es arrastrado hacia el norte de su mundo, hasta que dejan de estar sumergidos. Sin darles tiempo a entender qué ocurre, algo llueve sobre ellos. Algo que daña sus viviendas y los asfixia. A través del líquido viscoso, lo que queda de aquella civilización escucha una última conversación:
—¡Juan, eres imbécil! —brama—. No puedo creer que te hayas dejado la bañera llena toda la semana. Y encima con tu ridiculez de traerte agua del mar. ¡Se ha hecho un poso lleno de bichos, joder!
—Tía, lo siento. Iba justísimo para el autobús y no quería perderme las vacaciones…
—La próxima vez que me hagas una de estas dejo a mamá sin primogénito, te lo juro. —La voz rebota en las baldosas verdes—. Ya lo he cubierto todo con desinfectante. Más te vale que tires las flores antideslizantes y también la cortina. ¡Y ahora ponte a frotar hasta que quede como si nada hubiera pasado!

Comentarios
  • 1 comentario
  • ELEEA B @eleea hace 1 mes

    El final sí que no me lo esperaba para nada... ha molado.


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