En Merfolkshire nunca pasa nada. Es una pequeña ciudad de apenas 140 tritones y sirenas donde todo el mundo se conoce, con sus idílicas casas de roca y jardines de coral. Tanta tranquilidad me aburre.

Lo más interesante que sucede por aquí es cuando el viejo Peryst mastica alguna alga de marea negra de más y acaba ebrio, contando sus historias fantasiosas. Hoy parece ser uno de esos días.

—¡El monstruo está aquí! —grita sentado en la plaza del mercado—. Lo he visto con mis propios ojos.

Todo aquel que pasa evita mirarle. Yo me apiado de él.

—Vamos Peryst. —Le ayudo a levantarse—. Vamos a la corriente fría, a despejarnos un poco.

Su aliento huele a podrido a causa de las algas y, a pesar de mi ayuda, es incapaz de nadar en línea recta.

—Tinew, tú me crees ¿verdad? —pregunta con tristeza.

—Yo… bueno —balbuceo, sin saber como contestar—. Creo que estás convencido de haber visto un monstruo.

—Eres un buen chico, pero no me engañas. —Sonríe Peryst—. Tú también crees que soy un viejo colgado, pero sé lo que he visto.

—¿A lo mejor no era más que un calamar gigante? —Intento razonar.

—No. Sé distinguir un calamar. Esa cosa tenía el mismo tamaño que uno, pero su piel era amarilla brillante y el morro de color negro, con dos ojos que brillaban como jamás he visto brillar nada. —Su mirada se llena de pánico—. ¡Viene a por nosotros! Prométeme que acabarás con ella Tinew ¡Prométemelo!

Nadie en su sano juicio haría caso a ese viejo loco, pero en su expresión de miedo hay algo de verdad. Y si hay un monstruo cerca de la ciudad al menos sería algo interesante en medio de la monotonía.

Tras calmar a Peryst y dejarle descansando en su choza voy a las afueras de Merfolkshire. Frente a mi sólo hay agua y algún banco de peces en la lejanía. Llevo un rato sentado en al arena cuando veo un brillo a lo lejos y oigo el ruido de un gruñido constante. Se acerca cada vez más, directo a mi, y entro en pánico. Alargo el brazo, buscando algo con lo que defenderme y doy con una roca. El monstruo cada vez más cerca, con ese gruñido amenazante.

Está encima de mi, el brillo de sus ojos me deslumbra. Golpeo con la roca, intentando apuntar a sus ojos y a su aleta. Logro hacerle algunos rasguños pero su piel es dura. El miedo me motiva y continúo mi ataque hasta que sus ojos se apagan. Con el miedo desapareciendo de mi cuerpo puedo observarlo mejor. Es tal y como lo describió Peryst. Ese viejo loco no mentía.

En la ciudad tienen que ver esto, pero pesa demasiado y no puedo arrastrarlo de vuelta. Me fijo en cada detalle para poder describirlo luego. Tiene algo sobre su piel, como unos tatuajes. Paso mis dedos por esas extrañas líneas intentando memorizarlas: Departamento de Biología Marina - UCLA.

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