El magistrado Wgah'n se encontraba en el salón de su hogar leyendo plácidamente la prensa vespertina. De cuando en cuando dirigía su mirada a través del ventanal, por donde se divisaba la parte alta de la ciudad de R’lyeh, con sus formaciones coralinas dispuestas en cascada y sus cúpulas de jade de dimensiones majestuosas. Tras la última remodelación, los muros de los edificios se trenzaban entre sí generando ambiguos patrones de lo más hermoso y original. Diseño que le valió el premio de arquitectura al sabio N'ghft hacía ya más de 500 años, cuando aún era un jovenzuelo al que ni siquiera le habían crecido los tentáculos.

Andaba sumido en estas divagaciones cuando a lo lejos divisó unas extrañas figuras moviéndose con dificultad en dirección a la ciudad. No eran peces, claramente, su manera de desplazarse por el agua delataba que éste no era su medio natural.

—¡R'luh! —llamó a voces a su mayordomo—. Ven rápido, por favor.

El criado no se hizo esperar y apareció tras la puerta con turbación y casi sin aliento.

—¿Ha pasado algo señor? ¿se encuentra bien? —articuló resollando mientras trataba de recuperarse.

—¿Ves aquello de allí? —Señaló el magistrado en dirección a las figuras—. ¿Qué crees que puede ser?

—Con su permiso, señor. —Se acercó a la ventana y escudriñó la escena a través del cristal—. Sin ánimo de ser maleducado diría que se trata de unos de esos desagradables Profundos que vienen de visita de vez en cuando desde Y'ha-nthlei, señor.

—¡No seas absurdo R'luh! —espetó el magistrado no sin cierta molestia—. ¿No ves que apenas pueden moverse?

El mayordomo reflexionó en silencio durante unos minutos y volvió a observar la escena por la ventana con curiosidad.

—No puedo creerlo… —musitó con los ojos abiertos y redondos como las lunas de Yuggoth.

—¿Qué? ¿qué es lo que no puedes creer? —Apremió al mayordomo.

—Es posible que se trate de un par de ejemplares de humanos, señor —se aventuró—. Aunque no puedo estar seguro, solo los he visto en libros.

—¿Humanos? —El magistrado se levantó del sillón eufórico—. R'luh puede que sea nuestra oportunidad de reestablecer un puente entre culturas. Salgamos a recibirles.



Ajenos a este alboroto producido entre las paredes de la morada del magistrado, Morgan y Perkins inspeccionaban con un horror creciente cada elemento de las estructuras, construidas bajo el agua mucho antes de la existencia humana.

Un crujido a sus espaldas seguido de vocalizaciones incomprensibles les hizo girarse súbitamente. Dos enormes figuras humanoides con cabeza de pulpo y alas desplegadas se dirigían hacia ellos con los ojos encendidos.

Morgan y Perkins huyeron despavoridos hacia la superficie. Nunca más se supo de ellos en R’lyeh.


—No sé qué ha podido pasar —se lamentó el magistrado Wgah'n con pesadumbre—. Se trataba del saludo tradicional de bienvenida…

—No se preocupe, señor. —R'luh palmeó los hombros de su amo con delicadeza—. Tan solo ha sido un malentendido. La próxima vez saldrá mejor.



Comentarios
  • 1 comentario
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 6 días

    @Kalleidoscope ¡¡¿Cómo me he perdido yo esta historia?!! Se me escapó.
    Un sentido del humor maravilloso, y el uso de los Mitos con ese sin pasar de lo divertid a la vulgarización... Me encanta que hablen unos de la bella arquitectura y los otros se horroricen con la ciclopea magnificencia prehumana (con lo de los profundos me partí).
    Solo puedo decir un fallo, los humanos que recibieron la bienvenida hubiesen perdido la cordura :D
    Nota a todas luces demasiado baja.
    Me encanta. Me lo meto a favoritos.


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