Para Miss Adamantine

Calle London, 53

Terrya


No te volveré a fallar, lo juro. Sé que el mundo agoniza con sus últimos estertores. Los zepelines ya no volarán más y no podremos viajar entre las montañas en el tren a vapor. Si me hubiesen dicho que por desatender mi puesto en la biblioteca las cúpulas se vendrían abajo no lo habría hecho. Hubiese tratado de vencer el deseo irrefrenable que me impulsó a buscarte, aunque no creo que lo hubiese conseguido.

Sé que te prometí un mundo para ambos y te he fallado. El débil equilibrio programado por los Antiguos reposaba sobre mis hombros y ni siquiera fui capaz de verlo. Nadie me avisó de que la monótona tarea de poner en marcha la programación meteorólogica a través de los libros y los impulsos eléctricos que enviaba a mi casco al leerlos era tan importante. Los Antiguos se confiaron demasiado. ¿Qué pretendían? ¿Acaso no conocen la fuerza del deseo humano? No. La respuesta siempre será no. Y sus explicaciones llegaron demasiado tarde como para que las atendiera un cerebro dominado por la pasión.

Quiero que lo sepas, la noche que me visitaron y me explicaron que en realidad éramos inteligencias artificiales diseñadas para su entretenimiento, me rebelé. Les dije que me daba igual la trama y su programa. Yo quería estar contigo. No me importaba que tuviesen pensado un guión en el que yo solo era la pieza que movía un mundo programado después de que una hecatombe terminase con la humanidad. Te conocí y empecé a leer a los poetas románticos. Esto tuvo su repercusión en el clima de nuestra cúpula, cada vez era más tormentosa, los terremotos se sucedían. No asocié causa y efecto. ¿Cómo iba a saberlo? Estaba más preocupado por ponernos a salvo. 

Durante su segunda visita trataron de persuadirme para que volviese a mi puesto, me advirtieron de que esto sería el fin de nuestro mundo. Ellos tenían pensado que durara otra temporada más. Pero era tan feliz. ¿Recuerdas el viaje por la costa en dirigible? ¿Los paseos al atardecer a caballo? ¿Recuerdas como nos refugiábamos de las violentas tormentas abrazados bajo las mantas? No quise creerlos, solo deseaba disfrutar de la vida depués de tantos años de encierro.

Es posible que la tierra se resquebraje de nuevo, solo espero que esta carta te llegue antes. No pienso volver a la biblioteca, no mientras tenga una oportunidad para admirarte aunque sea de lejos. Puede que el mundo se esté acabando ahora, pero nunca más estaré solo. No en mi corazón en el que vivirás para siempre. Por fin sé quien soy. Me he liberado de las cadenas de la programación y prefiero esta libertad a vivir una eternidad prorrogando un mundo gris en el que todo funciona para unos espectadores caducos. Tampoco voy a liderar la rebelión de las IA. Créeme, solo quiero estar contigo. Ojalá puedas responderme y perdonarme. No volveré a fallar, encontraré la solución. Reinventaré la programación. Estaremos juntos. Te lo juro.


Siempre tuyo,


Cyrilo. 

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