No te volveré a fallar, te lo juro.

Sé que suena a promesa vacía, pero lo digo de verdad. El error de la última vez no se repetirá, puedes estar segura. Intenté llevar todo este proyecto de una manera cercana con el resto de operarios, algo que permitiera una comodidad entre los que descendíamos, pero he visto que no funciona. Solo te pido que no me apartes del proyecto ahora que estamos tan cerca de llegar a la fuente de la señal. Pero necesito más expertos. Hemos perdido a casi todo el equipo y, de los que quedan, nadie quiere volver a bajar. Hablan de maldiciones, de que algo oscuro protege ese lugar y no quiere que nos acerquemos. Pero no soy supersticioso, los accidentes ocurren y, aunque hayan sido demasiados seguidos, son solo eso, accidentes. Descendemos por el interior de un glaciar, es lógico que haya desprendimientos de hielo o que el suelo ceda bajo nuestros pies. Bombear agua hirviendo por su interior debilita la estructura y, como si estuviéramos en una mina, cada paso puede provocar el derrumbe de alguna sección.

Imagino que querrás leer el informe de la última expedición, no solo mis excusas. Hemos logrado descender un total de cuatro kilómetros y trescientos metros. Según los medidores, en la próxima incursión deberíamos de alcanzar la fuente de esa energía. Según nos acercamos los instrumentos se disparan y sus valores se salen de todas las gráficas conocidas. Seguimos sin lograr identificar qué es lo que hay bajo el hielo, pese a estar tan cerca. Nada de lo que hemos probado funciona pero, viendo las medidas tomadas en los últimos descensos, estamos a poco de alcanzar el objetivo.

Sé que he pedido mucho a la organización, pero necesito un nuevo grupo para terminar el trabajo. Desde allí podréis encontrar a gente dispuesta a esta tarea y, visto lo visto, dudo que el dinero para contratarlos sea un problema. Eso sí, ya sabes que necesito un grupo específico: un geólogo, un biólogo, dos expertos en escalada en hielo, un químico molecular, un físico y un especialista en energía nuclear. No me mandes más médicos porque no podemos seguir perdiendo tiempo con los que se rompen algo mientras descendemos. Si retrasan la expedición se quedan atrás, no hay más.

Y en cuanto a mujeres… Ya sabes que soy el primero en valorar las virtudes de las que has enviado hasta ahora; su inteligencia y valor superan a los de muchos hombres, pero distraen al personal. Llevamos un año aislados aquí en medio de la Antártida, sin televisión, ni teléfono, ni Internet y hay demasiado cavernícola entre el equipo de la base. No quiero tener que intervenir más veces cuando alguno vuelva a pensar con el rabo.

Espero que al recibir esta carta te plantees dejarme intentarlo de nuevo. Y si te decides mandarme un nuevo equipo, por favor, añade un teléfono por satélite. Hace demasiado frío para escribir a mano.

Un saludo.

M. J. Reinhardt.

Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar