No te volveré a fallar, te lo juro. 

No sé en qué estaba pensando. Parecía una buena idea, dejarte y no tener que preocuparme más. Todo el mundo lo hace. A otra cosa, mariposa. Seguro que otro estaría encantado de tenerte con él. Te recibiría con los brazos abiertos y te haría un hueco en su corazón. Al fin y al cabo, yo también lo había hecho. 

Pero de vuelta en casa me di cuenta de mi error. Ya nadie me recibía al llegar, nadie me saltaba a los brazos. Todo estaba en silencio. Lo que creía que era lo que quería, se volvió insoportable. La cama estaba fría sin ti. Hasta llegué a echar de menos tus ronquidos.

No me importó que fueran las tres de la mañana. Una chaqueta sobre el pijama, las llaves del coche y volví al monte. 

El grito de alegría al verte todavía atado al árbol. Tu alegría mostrada en el rabo golpeando rítmicamente el suelo frío. 

Toby, no te volveré a abandonar. Perdóname. 


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