“No te volveré a fallar, te lo juro”.

Eso es lo que me dijiste hace un mes. No he podido dejar de darle vueltas a la forma en la que nos despedimos. Mi madre dice que no entiende cómo nos hemos enfadado tanto, siendo tan amigos. Y tiene razón, ¿sabes? Llevo todo el verano deseando volver y pasar las tardes como antes, jugando a videojuegos, corriendo al sol o yendo al cine.

¿Recuerdas aquella vez que Francine nos persiguió por el prado detrás de tu casa? Tu hermana estaba furiosa porque le habíamos roto el juego de té y blandía un palo bien gordo. Pero nos escondimos en el árbol al que íbamos cuando éramos pequeños y no nos encontró. Estábamos muy justos, eso sí, nos quedamos abrazados mirándonos mientras la oíamos resoplar buscando nuestro rastro. Al principio temblábamos pero nos tranquilizamos y apoyé mi frente en la tuya. Al rato se fue, nos reímos y bajamos del árbol. ¿Qué pasó allí? Nada y todo. A veces sueño con ese día, con nosotros.

Te echo de menos pero eso no significa que te haya perdonado. Para otros puede parecer una tontería, pero si nos pasamos las tardes peleando con viejos videojuegos en el ordenador de mi padre, ¡eso es importante! Me sorprendió mucho lo bien que se te ocurrían los pasos en la Abadía del Crimen, hasta que caí en la cuenta: ¡habías leído una guía! ¿Cómo se te ocurre? Me sentí traicionado, como si hubieras jugado tú solo.

Ahora sé que no era esa tu intención. Creo que querías impresionarme. Pero no necesitas hacer esas cosas, ya me impresionas cada día. Cuando sonríes a un niño que se ha caído en el suelo y le ayudas a levantarse. Cuando me guiñas un ojo antes de coger un poco del pastel de manzana de tu madre, a escondidas. Cuando vamos al cine a ver películas de los ochenta y me das la mano en las escenas de miedo y luego no quieres soltar mi mano hasta el final.

Eres especial, John. Pero tengo mucho miedo. De tus padres y de los míos. Ni siquiera sé si debería estar escribiendo esta carta. ¿Y si la encuentra alguien? No nos entenderían. He oído que al niño de los Green lo han llevado a terapia porque jugaba con muñecas. ¡Sus propios padres!

Tengo que terminar. Vamos a preparar las maletas para volver pasado mañana. Llegaremos al aeropuerto de Los Ángeles algo más tarde de las 11. Serán casi seis horas de vuelo pero parece un viaje en el tiempo, porque ¡saldremos a las 8! ¿Qué te parece si quedamos el mismo día 11 por la tarde?

Un abrazo y un beso enormes.

Paul


9 de septiembre de 2001








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