No te volveré a fallar, te lo juro.

Y gracias. Imagino lo difícil que habrá sido llegar hasta aquí.

En los sucesivos borradores he intentado construir esta misiva con la única intención de captar tu atención y retenerte una línea más. He imaginado todas las posibles reacciones al recibir este paquete sin remite. Mi fantasía no puede saciar la curiosidad de saber cómo te han tratado los años y el efecto que tiene en tu cara leer mis palabras.

No malgastaré tu tiempo con excusas tópicas. El peso de mis decisiones me acompaña y es justo que así sea.

Entre tus manos tienes la que elegí como penitencia a mis malas elecciones: 369 páginas en las que he destilado nuestra historia, más las 3 que tienes ahora entre tus manos.

La primera vez que tu nombre me sorprendió en una librería cualquiera, desafiante desde la estantería, no descartes que me mató la envidia de que fueras tú quien cumpliese primero este sueño compartido.

Te lo mereces todo, pero sobre todo el éxito de tus libros.

Cuando todavía compartíamos camino, me fascinaba tu pasión. Cómo te sumergías en tus lecturas, la admiración con la que hablabas de aquellas pocas plumas elegidas que, para ti, habían comprendido el mundo.

Hoy me doy cuenta de que, también ahí, te malinterpreté por completo. Pensaba que necesitabas una mirada externa que te guiase, que te ayudase a navegar por la vida y sus remolinos. Que tus lecturas eran la búsqueda de ese personaje con la clave para descifrarte.

No fue mi único error. En tu ternura proyecté mi fragilidad. En tu afecto, todos los miedos que me provocaba el mundo.

Pero el mayor de mi colección de errores fue el no saber valorar tu amistad y darme cuenta de cuánto te necesitaba.

Te juré que siempre estaría ahí para ti, pero esa promesa también la rompí. Necesitaba romper con todo, marcharme y no mirar atrás.

Ahora que han pasado 20 años y la vida ha jugado con nuestras situaciones como en una partida de twister, siento la necesidad de volver a ti. En todo este tiempo he pensado muchas veces en el reencuentro, pero siempre me faltaron agallas para hacerlo posible.

Toma estas palabras y mi penitencia como una señal de mi arrepentimiento y de lo mucho que me faltas. Si tú también has pensado en un reencuentro, por favor, hagámoslo posible.

Esperaré aquí, en caso de que quieras encontrarme.

Con Amor, L.

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