No te volveré a fallar, te lo juro. No sé qué pasó. Podría poner miles de excusas. El día no se prestaba, pudo ser un latido fuera de lugar o la lluvia que me afectó más de lo que cabía esperar. Al final todas me saben a mentiras para justificar que te fallé. Realmente sigo preguntándome qué pudo fallar, aquella azotea era perfecta, se veía toda la ciudad, hasta se podía ver a los viandantes e imaginar sus vidas. Te esperé horas para que todo fuese idóneo, ese era el día en el que nada podía irme mal. Pero supongo que habrá que encontrar otro, no podemos dejar esto así.

No es la primera vez que fallo, pero prometo que será la última. De hecho, con el primero, acabé a golpes, para que veas cuanto he cambiado desde entonces. Pero eso es otra historia, no volverá a pasar, y menos contigo. Contigo quiero que sea limpio, poder verte con tu precioso traje azul marino y cambiarte esa camisa blanca y sosa por una bermellón, que pega más con los zapatos que llevabas ayer. 


Perdona, que me voy por las ramas y nunca termino esta carta. Espero que me des otra oportunidad  prometo que no volveré a fallarte, ya no sólo como promesa a ti, si no a mi mismo, no podría perdoname volver a cagarla. No necesitaremos una tercera oportunidad. Esa bala atravesará tu pecho. 

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