No te volveré a fallar, te lo juro.

Siento que hayas acabado aquí, entre estas cuatro paredes de recia piedra, pero era necesario. Sé que estás enfadado conmigo y no te falta razón. Aun así, me alegro de que hayas recordado las instrucciones que te escribí apresuradamente en mi último mensaje y hayas podido encontrar esta carta en tu celda.

Sé que crees que solo te resta esperar la muerte a causa de la traición del Tunelador, esa persona de la que ahora crees que no debimos fiarnos jamás. Pero créeme, era necesario que se ganara la confianza de la Sacerdotisa dándole algo que ella perseguía hace tiempo: a ti, el niño de la profecía. Gracias a haberte entregado, ha podido llegar hasta su templo, robar el noble Ópalo de Sprunz y establecer con él un segundo Nexo, más pequeño e inestable que el primero, a tres millas de la ciudad. A estas alturas ya habrá cruzado al otro lado y estará buscando a los otros.

Sin él, sin tu sacrificio, no habría esperanza para nadie.

Esto es lo que tienes que hacer mañana: cuando venga el carcelero, será en realidad una agente disfrazada. Entrégale el anillo que te dejé con mi último mensaje, en el que ella podrá ver el signo de nuestra orden. Te servirá de salvoconducto hasta la Casa Magna. Una vez allí, iniciarás tu adiestramiento para comandar a los Ejércitos del Tiempo, que el Tunelador habrá de traer tal y como fue predicho. Tu destino es derrotar a la Sacerdotisa y así destruir los lazos que tejió con magia oscura para impedir el flujo del Nexo primordial.

Y ahora, toma buena nota de lo que te digo: el tercer día de invierno del tercer año, debes acudir al mercado y preguntar por la acémila más vieja. El mulero te dará otro mensaje de mi parte con nuevas indicaciones en las que te diré cómo derrotar a la Sacerdotisa.

Todo se ve tan distinto desde aquí... te prometo que acabará cobrando sentido si sigues mis instrucciones. Y sé que lo harás.

Debes saber que ahora estoy en una bella ciudad jardín, donde las gentes no pasan hambre ni existe la pobreza. Los animales no solo viven en armonía con los seres humanos sino que podemos comunicarnos hablando con ellos, y los entendemos cuando nos hablan. Exuberantes plantas crecen por doquier, incluso, en las paredes de las casas, como imposibles jardines verticales, pues las edificaciones son altas como castillos. En el centro de la ciudad hay una fuente… y todo el que bebe de ella adquiere nuevos conocimientos. Este es el futuro que te espera.

Te prometo que te verás donde yo me veo. Pero para entonces, claro, yo ya me habré marchado y estaré en otra parte, cumpliendo la profecía. Como siempre, prometo seguir escribiéndote como hasta ahora.

Hasta siempre,










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