—Aquí dentro no hay champán. Esto es una fiesta, y si no puedo salir a por más bebida quiero una explicación, Norm. Y más vale que sea mejor que lo que les has contado a los guardias de la puerta. 

—Ya sé que es una fiesta. La presentación de mi gran logro, de hecho. Y ya no es seguro que nadie abandone la sala.

—¿Por la radiación corpuscular? Eso se lo creerán esos imbéciles. —Esbozó una sonrisa despectiva—. Pero yo fui la primera de nuestra promoción, ¿recuerdas? Y tú,… Bueno, tú terminaste la carrera. Tampoco es que hicieras gran cosa después, y mira que te esforzabas. Y ahora se supone que has alcanzado el mayor salto en el campo de las telecomunicaciones. Pero... ¿radiación corpuscular? O es una bola como ese trasto de grande —señalaba uno de los dos enormes óvalos de titanio que ocupaban el centro de la nave industrial, uno frente a otro— o va a ser otro de tus batacazo. En cualquier caso, quiero más champán. Así que pienso salir.

Norm, que la miraba con unos ojos azules e inexpresivos, resopló antes de hablar:

—Está bien. Necesito esa puerta cerrada porque una foto bastaría para que otros investigadores...

—¿Te parezco idiota? No hay más investigadores, Norm, porque nadie sabe qué coño has estado haciendo. Déjame en paz.

—Está bien —suspiró—. Se supone que no debo decir nada, pero te conseguiré una copa y te lo contaré todo.

—Haber empezado por ahí, hombre.

Le siguió entre la multitud que llenaba la sala, hasta detrás de un cortinón gris.

—Ha habido un aviso de bomba —anunció Norm en voz baja—. Aquí dentro estamos a salvo.

—¡Joder! —Rita se tapó la boca con la mano—. Todos los mandamases del mundo están en esa sala. Hay tanta seguridad... No puede ser. —Le fulminó con la mirada—. Por dios, Norm. Ya sé que es tu gran día, pero no hace falta que nos encierres para conseguir atención.

En cuanto su mano agarró el cortinón, Norm la neutralizó con el TASER que acababa de sacarse del bolsillo.

—Lo siento, pero no quiero contratiempos —susurró posándola en el suelo—. Así que nadie saldrá hasta que termine.

La megafonía anunció el comienzo de la presentación. Norm subió al estrado, entre los dos dispositivos. Por fin, reveló la llegada del futuro: el teletransporte. En la demostración, una naranja desaparecería por uno de los óvalos y reaparecería por el otro. La selecta audiencia contenía la respiración. Norm, sonriente, lanzó la naranja al interior de una aparato. Todas las miradas se dirigieron hacia el de enfrente. Se escuchó un grito de espanto cuando lo que surgió del interior fueron un ejército criaturas grotescas plagadas de tentáculos. Los alienígenas invadieron la estancia y comenzó la masacre. Los cuerpos caían atravesados por aquellos apéndices implacables. Mientras la humanidad se quedaba sin líderes, solo Norm mantenía la calma. 

—Quizá las ideas no fueran mías, querida, pero gracias a mis amigos, el futuro me pertenece. —Estaba tan ensimismado que no reparó en la trayectoria del tentáculo hasta que le atravesó el pecho.

Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar