Los cinco testigos estaban sentados en la sala de estar mientras la policía registraba la mansión. Algunos aún sujetaban en sus manos las copas de vino de la cena. 

—Esto es indignante —se quejaba Sarah Stocks mientras jugueteaba con su collar de perlas.— No nos pueden retener aquí como criminales.

—Bueno, señora, uno de ustedes sí es un criminal —contestó el detective Stone con voz calmada.

—¿Cree que uno de nosotros mató a la señorita Vivian? —preguntó Clara, sus ojos abiertos por el asombro.

—¿Quién si no? Ustedes cinco son los únicos que han estado aquí esta noche. —El hombre tomó asiento frente a los demás y se inclinó hacia delante.— Así que díganme ¿Quiénes son ustedes y de qué conocían a la señorita Vivian?

Uno a uno se presentaron. La doncella Clara, fiel acompañante de la víctima; Sarah Stocks, amiga de la infancia, y su marido Matt; Lord William, su socio, y la señorita Rosie, una periodista que escribía un artículo sobre Vivian.

Stone se levantó, con las manos a la espalda se puso a caminar de una lado a otro de la habitación mientras comentaba:

—Y la señorita Vivian les invitó para celebrar su último éxito.

—Así es — contestó William—. Vivian acababa de expandir su marca de ropa a Europa. Yo la estaba ayudando con ese asunto.

—Y por lo que dicen, nadie estuvo solo en ningún momento —continuó Stone.

—Exacto —afirmó Matt—. Yo, por ejemplo estuve con mi mujer todo el tiempo.

Sarah asintió con la cabeza, seria.

—En realidad no todos estuvimos juntos todo el rato —se apresuró a decir Rosie—. Lord William subió al segundo piso y se ausentó un buen rato.

—Simplemente fui al aseo. —William se recolocó en su asiento, inquieto.

—El baño de la segunda planta está estropeado —intervino la doncella de inmediato.

Todas las miradas se posaron el Lord William, quien se aclaró la garganta antes de hablar con voz firme:

—Vivian y yo teníamos un buen negocio juntos ¿Por qué la mataría?

—Quizás quería otro socio, o puede que fuera a desvelar sus intimidades a la prensa amarilla. —Stone señaló a la señorita Rosie.

—No— respondió más nervioso—. No sucedió así.

—¿Cómo sucedió entonces? —gritó de repente el detective— ¿Me va a decir que fue un accidente?

—No, no, no…

—¡Confiesa!

—¡Basta! —gritó Sarah.— Él no lo hizo. Estuvimos juntos, en la habitación de invitados.

La sala se quedó en silencio. Matt se levantó de golpe.

—¿Me estabas engañando con él? ¿Cómo has podido hacerme esto?

—¡Oh, por favor! No me vengas con esas. Está claro que tú mataste a Vivian.

Matt abrió la boca pero se había quedado sin palabras.

—¡Ja! Te pillamos —se rió Julián, quitándose el bigote falso— Has perdido Paco.

—¿Cómo que “te”? —dijo indignada Lorena, jugueteando aún con el collar de perlas— Si he sido yo. Tú estabas empeñado en que era Lord William.

—Pero no era necesario desvelar nuestro secreto —refunfuñó Carlos.

—La cuestión es que hemos pillado al malo —comentó con una sonrisa Lola quitándose la cofia de doncella—. Otra Murder Mysetry Party resuelta con éxito.



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