El murmullo de las invitadas crece por momentos. La fiesta, de apariencia inocente, oculta alcohol en cada una de las copas de cartón infantiles. La decoración alude al futuro recién nacido y su posible sexo. ¿Niño? ¿Niña? Son las preguntas que más se hacen a la madre, con un vientre tan abultado que casi no se sostiene en pie y debe permanecer sentada mientras la llenan de agasajos.

—Por la forma de tu vientre, y… disculpa que te diga querida, aunque estás preciosa hoy, has estado bastante mal los últimos meses…

Unas risas generalizadas continuaron el comentario lleno de maldad. La futura madre escuchaba sin inmutarse ni perder la sonrisa.

—Pero lo dicho, hoy estás HER-MO-SA. Y creo, y hablo por todas, que va a ser una niña tan guapa como su madre.

La mujer bebió al instante, ocultando cómo se torcieron sus labios por lo dicho o el desprecio que todo su cuerpo emanaba. Cada movimiento que hacía remarcaba el rechazo que no pronunciaba.

Pero la madre se limitó a sonreír más, posando ambas manos sobre su vientre.

— Sé que será como su padre.

Las luces parpadearon.

La madre emitió un gemido largo, más parecido al clímax de un orgasmo que al dolor del parto adelantado. Su espalda se curvó y se abrió de piernas. Un líquido viscoso, negro, espeso corrió por sus piernas y manchó la moqueta blanca. Sus acompañantes no supieron cómo reaccionar. Una dijo algo sobre llamar a la ambulancia, pero sus palabras fueron silenciadas por otro gemido.

El crujido de huesos se sumó a los ruidos antinaturales de aquella rotura de bolsa. La madre gemía, arqueandose con las uñas clavadas en el sofá.

Y llegó un sonido deslizante.

La cacofonía congeló a todas las invitadas, dejando como única fuente de movimiento a la Madre.

Una de las amigas dio un paso al frente, con el rostro compungido entre el espanto y la preocupación. Poco quedó de él cuando entre las piernas de la Madre surgió un tentáculo negro que le rodeó la cabeza, asfixiando, aplastando. Destruyendo.

Los gritos se unieron a la cacofonía que no hacía más que aumentar mientras la Madre daba vida a la oscuridad permanente.





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