Otro día más a ocultarme. Pelo suelto, tapando mis orejas puntiagudas, guantes para… para lo de siempre, no quemar a nadie, no congelarlo, o no convertirlo en gas...

Hoy la casa esta sospechosamente tranquila. No se oyen los perros. No se oye la maquina de escribir de padre…

¿Qué ocurre?

Bajo a la biblioteca, nadie…

Salgo a la entrada. El espejo esta oscuro…Digo las palabras en Dunari.

-Eclereo, mati, nofre.

Mis manos brillan, me quito los guantes, antes de que salgan ardiendo. La imagen difusa del Genio aparece.

-Peligro…Fuego…Dunarika…Azul…

-¿Qué quiere decir eso?

-Peligro… Fuego…Dunarika…Azul…

Lo repite de nuevo. Y se esfuma…

Oigo gritos. Salgo al jardín y...

-¡Por lo dioses!

Hay fuego, y humo por doquier.

-NOOOOOO

Se oyen gritos de niños, alaridos de mujeres…las campanas de la iglesia repican.

Y ahora lo entiendo. Los magos, los Dunarika, han bajado a la ciudad, descubriéndonos a todos…

Están matando a todo humano que se les cruza. Estúpidas varitas. Sin ellas no son nada.

No nacieron con sangre pura, solo saben utilizar la madera del árbol Dunare…

No encuentro a mi padre, solo caos.

Veo un fogonazo de luz. Seguido de otro. Y todo se queda en silencio…

Una figura de azul, con un muñeco de metal andante, se acerca a mí.

-Lunare, estas a salvo.

El muñeco hace ruiditos.

-Es un robot, tranquila, muy común de donde vengo, mi reina. Su padre no pudo ser salvado, pero vos estáis bien.

-¿Reina?

-Shh, ahora todo es confuso. Pronto lo entenderá.

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