El tintineo de espuelas acompañó a Trevor mientras cruzaba la calle. Amartilló el Winchester y se detuvo a doscientos pasos de Lupita «Bella» Gálvez.

Las trenzas azabache de la mujer acariciaban las culatas de nácar de sus Colt "pacificador". Lo miró con una media sonrisa. Escupió tabaco, sin sacarle ojo al agente de los Pinkerton.

El barman limpiaba un vaso desde hacía minutos en la puerta del local. Algunos más se situaban a ambos lados de la calle como si aquella historia no fuese con ellos y por tanto no debiesen temer nada al mirar.

Lupita desenfundó y disparó en un parpadeo. Trevor Gunn no tuvo tiempo de reaccionar. El vaso que sostenía el mesonero explotó arañando su rostro las esquirlas. El otro revólver de Bella, silencioso, apuntaba al investigador.

El mesonero desapareció gritando en el interior del saloon, mientras, los mirones corrían despavoridos a esconderse.

—No me gusta que se diviertan sin pagar entrada —gritó la mujer. Lentamente comenzó a bajar los revólveres.

El poblado mostacho del hombre de Pinkerton se agitó, luego, con la mano que le quedaba libre, se secó el sudor de la frente y la saludó levantando su bombín:

—Sí —respondió lacónico.

Seguidamente, con total serenidad, empuñó el fusil y disparó en dirección a la pistolera.

Se escuchó un tañido. Lupita miró por el rabillo del ojo al final de la calle. El enterrador se escondía entre los ataúdes de su tienda, muerto de miedo. El cartel del establecimiento, un féretro hecho de chapa, se mecía con un agujero de bala justo en la cruz. Ella enfundó los revólveres:

—Ha sido un buen tiro ¿ochocientos pies?

—Más o menos —replicó Gunn.

—¿Crees que estás demasiado lejos para que te alcance con una pistola? —Sonrió Bella.

—¿Piensas que eres demasiado rápida como para que pueda dispararte antes de que me mates? —Replicó Gunn mientras tiraba de la palanca de su Winchester liberando un casquillo humeante.

—Nos respetamos, desde luego —sentenció ella con una sonrisa.

—Siempre recuerdo que me salvaste de aquel puma en Las Rocosas.

—No era forma de morir, Trevor. —Se rascó la cabeza bajo el sombrero de paja.

—Podías haberme pegado un tiro.

—Luego me dejaste escapar con provisiones y un arma cargada. —Sonrió. —Me gustas desde el tiroteo en la granja Warren.

—¿Estabas con la banda de Lincoln?

—Lo mataste aquel día.

—Un bastardo peligroso. —Se sacudió el polvo de la camisa—. Nos hemos matado a gente que apreciábamos. Wallace, Monthy, Sukov, Smith…

—Ramírez, «Pelirrojo» Chacón, Indio Joe… Me dolió lo de Josito Vélmez, era como un hermano.

El famoso temple de hielo del agente se fundía. Sonó implorante:

—¿Recuerdas la juerga en El Paso?

—Me hiciste gritar en aquel pajar —sonrió.

Hubo una larga pausa.

—Conseguiré que te libres de la horca.

—¿Para pudrirme en una cárcel?

Trevor suplicó:

—¿Qué ganas? —Hizo una pausa. —Si me matas, otros vendrán. Todo seguirá igual.

—Seré libre hasta que muera.

Gunn tragó saliva:

—En la próxima vida espero que cabalguemos juntos... —afirmó taciturno.

—No seríamos nosotros —interrumpió.

Hablo desesperado:

—¡Pues larguémonos al otro lado de la frontera! ¡Venga!

—¿No lo entiendes? El final ya está escrito, no puedes cambiarlo.

Entonces las campanas empezaron a sonar.





Comentarios
  • 2 comentarios
  • Leído, un seis o casi siete sería más ajustado, según mi forma de verlo. Pero un dos es un castigo de lector que no ha sabido captar la historia, yo no la advierto tan mala como para ese suspenso tan, para mí, cruel. Esa valoración no ayuda, hunde, y sin haber leído sus comentarios o explicaciones, entiendo que no mereces ese castigo. Aquí nadie merece un dos. Añado que el guiño final está correctamente llevado, puede no gustar por su exposición, con todo diálogos, que hay a quien no le gustan, pero el ritmo que impone está bien. No es un relato de diez, no obstante el ejercicio es bueno, no para suspenso. Las acotaciones sí que deberías haberlas vigilado más, pero no soy yo quien para criticar ese detalle, que lo mío también tiene pecado en ese punto.

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    @Farran un seis o un siete entran dentro de lo opinable, pienso yo, un dos es casi sospechoso. Gracias por leer y comentar.


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