Lo que tenía que ser una velada de viernes perfecta, se ha convertido en un mar de lágrimas. Sobretodo cuando él ha aparecido con el muffin de chocolate y arándanos. Encima de la magdalena, encendida ya, una vela con forma de signo de interrogación. Porque conoce tu fobia de cumplir años. Al menos alguna cosa ha aprendido tras tanto tiempo de noviazgo. Lloras, emocionada, al verle acercándose lentamente desde la cocina y entonando la conocida canción de cumpleaños. Lloras de pura emoción, pero también de impotencia. Y aumenta el llanto cuando, antes que soples la vela, él extrae del bolsillo izquierdo de su pantalón un objeto cúbico bien envuelto. Tiene las dimensiones propias de una cajita de joyería. No quieres pensar en qué puede haber en ella, porque te lo imaginas, sin ninguna duda. Las manos te tiemblan y rasgas el envoltorio. Te muerdes el labio inferior mientras cierras los ojos, resignada, y dos lágrimas rezagadas resbalan por tus mejillas. Te ha costado tantos esfuerzos encontrar el momento adecuado para concluir vuestra relación en crisis... Y hoy se te añade un nuevo escollo con este anillo de compromiso. Callarás, como siempre. Lo miras y musitas un “gracias” tímido, culpable.

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