19 de julio de 1606
Mi amada Julia:

Aunque sé que ahora estamos separadas, tengo que comunicarme contigo. Disculpa la mala letra y los borrones. No tengo mucho tiempo, y lucho por mantenerme despierta mientras espero que los aldeanos lleguen. Confío en que, pese al tiempo que ha pasado, nuestra paloma te encontrará.

Cuando me leas ya no estaré. Me resulta raro ponerlo en palabras, aunque pensaba que lo tenía asumido. Me duele pensar que no podré visitarte cuando empiece el nuevo siglo, como nos prometimos. Tendría que haber huido cuando todo empezó, pero escapar no está en nuestra naturaleza. La primera vez que vi a la nueva vecina, el instinto me hizo desconfiar. Ya sabes cómo funciona: cuando alguien es diferente, podemos sentirlo. Al fin y al cabo, así es como nos conocimos tú y yo.

Los meses siguientes, me convencí de que no pasaba nada. En retrospectiva, es obvio que me negaba a ver la realidad porque tenía miedo. No sabía si podría iniciar una nueva vida en alguna comunidad nueva, ni si sabría ganarme la invitación de su gente. Aprovechando esa debilidad, ella se encargó de que todas las señales apuntasen a mí. Las cosechas de quien hablaba conmigo empezaron a secarse, algunos animales aparecieron muertos cerca de mi puerta. Típicas señales que se asocian con la brujería. No hace falta que te explique que bastan muy pocas pruebas para que condenen a mujer que vive sola y no sale de día. Al menos no me insultó intentando debilitarme con ajo o con cruces. En el fondo, entiendo lo que hizo: las de su clan han aprendido a recurrir a engaños y disfraces para sobrevivir. Igual que a nosotras nos enseñaron a alimentarnos de animales y no llamar la atención. Somos simples productos de la caza constante que hemos sufrido.

Los pasos de mis verdugos aplastan la tierra, los siento en el pecho. Puedo oír el follaje que rompen a su paso e incluso el crepitar de sus antorchas. Me pregunto si el olor de este humo será similar al que me envuelva cuando esté en la hoguera. Me imagino que derribarán la puerta y me sacarán a rastras. Será como la escena de alguna historia infantil, esas que pensé que nunca ocurrían en la vida real. Es casi de día y estoy tan cansada que no podré defenderme de su ataque (¿recuerdas cuando jugábamos a ver quién aguantaba despierta hasta el amanecer?). Solo tengo pregunta: ¿te darás cuenta cuando yo deje de existir? Aunque sé que nuestro juramento de sangre durará por toda la eternidad, me invade el miedo de no sentir nuestra conexión mientras las llamas consumen mi cuerpo.

Allá donde vaya, siempre te amaré.
Lina

P.D.: Aléjate de las iglesias, por favor. Los inquisidores creen que el bronce reacciona en presencia de una bruja. En realidad lo controlan. Esta madrugada he pasado por la plaza y ella estaba con el párroco. Solo le hizo falta poner cara de susto y señalarme. Entonces las campanas empezaron a sonar.

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