Su mirada taladró el techo al despertarse, agotando la poca energía que le quedaba. 

Trató de poner la mente en blanco, amurallarse contra los pensamientos que le recordaban qué día era hoy. Horas de insomnio habían dado paso a un sueño nada reparador. Enumeró las razones por las que todo aquello era culpa suya. Como si importase. 

Recordó avergonzada la felicidad desbordante tras el primer contacto. Soñó despierta con la entrega del Nobel de física —puestas a soñar, a lo grande—, con el sin fin de beneficios que supondría para la humanidad: avances tecnológicos, médicos… la lista era infinita. Tras divagar un buen rato volvió a la realidad. Descartó cualquier posible fuente de un falso positivo, se vio abrumada ante la responsabilidad de responder al primer contacto registrado desde una civilización fuera de nuestro planeta.

Las semanas siguientes fueron una euforia constante. Pasaron de las fórmulas al uso de lenguaje en apenas 20 días de intenso trabajo. Era asombrosa la velocidad a la que hacían progresos, la realidad superaba con creces el más optimista de los pronósticos.

El desarrollo tecnológico de la Civilización Qir apabullaba por su sencillez y elegancia. Su curiosidad tampoco conocía límites. Se interesaban por nuestra historia, geopolítica y cultura. En apenas unos días desarrollaron procesadores compatibles con nuestras bases de datos para poder procesar grandes cantidades de información de forma casi instantánea. 

En la comunidad científica comenzaron a elevarse voces que llamaban a la precaución, pero las voces entusiastas, como siempre, ganaron la partida.

Y de repente la comunicación cesó de pronto. El vacío interplanetario se tradujo en un tenso silencio en el recién formado gabinete de crisis.

Ella presidía ese gabinete, de forma testimonial, por haber sido la responsable del primer contacto. Todo el orgullo se convirtió en culpa cuando empezaron a prepararse para lo peor: un ataque que ni siquiera podían concebir. 

Tras análisis profundos el golpe de realidad fue desolador: impacto —del tipo que fuera— previsto para el día 28 de noviembre de 2021 a las 20 h. 

Las discusiones sobre los pasos a seguir, lo pertinente de informar a la población, posibles medidas preventivas consumieron las dos semanas que les quedaban. El 27 de noviembre disponían de un plan de acción y ninguna esperanza.

Hoy era 28 de noviembre. El cómo dejó de ser relevante en el momento en que tiraron la toalla. No habría salvación, ni un milagro podría liberar a la raza humana de su destino. 

Piensa que tal vez el planeta tenga una oportunidad.

Entonces las campanas empezaron a sonar





Comentarios
  • 4 comentarios
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    Creo que una de las presunciones más ingénuas respecto al primer contacto es que necesariamente será con una especie pacífica, recuerdo un cuento que estaba en las recopilaciones de Asimov para la Edad de Oro de la ciencia ficción en el que una especie de extraterrestres nos daba todo tipo de avances sin contrapartida para dejar entrever que les divertía la guerra y que les aburría combatir contra un rival demasiado débil.
    Me ha gustado mucho el cuento, y no sé qué pegas le han podido poner. Y lo de que no hay personaje principal... Lo que no hay es comprensión lectora.

  • @Jon_Artaza gracias por pasarte, fue también mi conclusión :D

    No conozco el cuento! La verdad es que de Asimov sólo leí un par de libros de la fundación y ya... igual es buen momento para hacer los deberes! Me encanta cómo se trata este tema en El fin de la infancia.

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    @AnarresyUrras Me gusta el ambiente que consigue Clark en ese libro, algo inevitable contra lo que es inútil luchar. Es extraño y no me lo esperaba en él (ese tipo de historia).

  • @Jon_Artaza Es genial! Me parece sublime también la forma de conectar el plano del relato con el plano de realidad (el primer intento fallido de la civilización externa)


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