Sus amigas le llamaban paranoica. "Sólo es una web de broma, no va en serio" le repetían. Pero Susana siempre había creído que hay fuerzas con las que es mejor no jugar. 

La fecha de hoy llevaba marcada en su calendario desde una noche de borrachera, cuando ella y sus amigas entraron en la web eldiadetumuerte.com. Las demás chicas se quejaron de que sus resultados eran demasiado aburridos: "Por fumar", "mientras duermes" o "por correr demasiado con el coche". Pero el de Susana era más críptico: "Un 15 de mayo, en dos años, sin control un golpe mientras doblan las campanas".

Poca gracia le hizo cuando su prima le dijo que se casaba en esa fatídica fecha. No tenía ganas de explicar a su familia porqué no podía acudir y que la juzgaran como hacían sus amigas, así que simplemente fingió estar enferma. Iba a pasar ese día tan lejos como pudiera de iglesias o campanarios. 

Ese 15 de mayo se despertó tarde y holgazaneó en la cama mientras comprobaba su whatsapp. Su familia le había enviado mensajes de ánimo para que se mejorara, además de alguna foto de la sesión de peluquería y los preparativos. Casi hasta se sintió mal por haber mentido, pero no se arrepentía de no ir. Iba a pasarse el día limpiando el armario, viendo series y comiendo comida basura; como cualquier otro sábado. 

Tumbada en el sofá, mientras media pizza se quedaba fría sobre la mesa, estaba viendo el episodio final de su serie favorita cuando su teléfono sonó. En la pantalla apareció el nombre de su madre. 

—Hola ¿Qué tal ha ido la ceremonia?

Al otro lado de la línea escuchó la voz nerviosa de su madre:

—¡Ay hija! Que mal, que mal...

—¿Mamá? ¿Qué ha pasado? 

—Que horror, hija. Un loco al volante casi nos mata a la salida de la iglesia.... 

—Pero... ¿qué? ¿Estáis bien?

—A tu tío Juan le han tenido que llevar al hospital a hacerse una radiografía. Los demás estamos bien, pero menudo susto. Estábamos tirando el arroz cuando ese loco ha perdido el control y se ha metido por toda la acera. 

Susana notó como su sangre se helaba, a penas pudo guardar la compostura para tranquilizar a su madre. Ni siquiera sabría decir de que estuvieron hablando el resto de los quince minutos que duró la conversación. Cuando colgó y se levantó del sofá sus piernas le temblaban. En la tele se veía el funeral de su personaje favorito, pero no le importó. 

No dejaba de pensar en ese coche sin control y en lo que le habría sucedido si hubiera acudido a la boda. Cuanto más lo pensaba más necesitaba un trago. Se subió a un taburete para alcanzar el armario de las bebidas, a penas había rozado con sus dedos la botella de vodka cuando el taburete se tambaleó y ella cayó. Su cabeza fue a dar con la esquina de la encimera. Tumbada en el suelo, inmóvil, su vista se nubló y, desde la tele, entonces las campanas empezaron a sonar.


Comentarios
  • 1 comentario
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    Un clásico, si el futuro se puede saber, entonces no puedes evitar lo que ya ha ocurrido en cierto modo. Me ha gustado, siniestramente divertido.


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