Cuando empieces a leer verás que no será sencillo descubrir el regalo escondido. A pesar de ello, es posible que te encierres bajo ese caparazón de indiferencia que con todo tu desasosiego habitual siempre te acompañará en estas situaciones. Si te sumes en la crueldad, sabes que recibirás sin contemplación malhumoradas quejas, poniendo en duda tu dignidad. Tal vez sueñas que tus directrices serán reconocidas por alguien que tú no conoces. No cejes en tu cometido, hallar la comprensión a todo este embrollo es tu trabajo ahora. Busca la misiva que se esconde entre estas palabras que ahora puedes leer.
—Que descifres esto es accidental, y siempre podrás pensar que no eres tú quien debiera recibir mi regalo. En ese caso, ignóralo, y sé sincero contigo.

Tal vez no elegiste el reto adecuado. Deberías haber seleccionado mejor tus opciones en el campeonato. Algunas veces el camino que parece más sencillo no es el deseable. Aquello que buscas no siempre está delante de tus ojos, y ahora estás obligado a andar a ciegas. Otras veces, simplemente, pasas de largo y no lo percibes ni con la mejor luz del día.
—Sé que te estoy mareando, pero no desfallezcas, sigue.
La razón por la que permanece oculto a tu voluntad de hallar una respuesta se encuentra al alcance tu mano. Nada te será tan contradictorio, ni nada tan evidente. Al final siempre brilla el objetivo ante tus ojos, y descubres la verdad en ello. Nunca deberías decaer en tu constancia.

Tú solo, sin valerte de ayudas externas, conseguirás hallar la respuesta y obtener el preciado obsequio soñado que permanece oculto, aunque resida tan visible.
Esas palabras te sonarán a engaño, no obstante no viven tan lejos de ti, han hecho un hueco en tu razón, y aunque te duela, porque las ignoras, siempre se repetirán en tu memoria. Son esas voces que te hablan como si no fueran tuyas y que están albergadas en tu interior. Son decisiones que proteges contra viento y marea.
—Y no son tuyas, son mías. Ya lo irás descubriendo, amigo. Siento que aún sigas perdido.

Tal vez el destino se ríe de ti. Es evidente que procuras andar con tiento, vigilando donde pones la mirada. Cada paso que das, sabes que te acerca al premio, a la única alternativa, a esa respuesta tangible; el mejor obsequio que puedes descubrir. Luego afirmarás convencido que nunca has dudado de tus apreciaciones.
No es que seas vil, o tal vez sí. Tal vez solo seas mezquino y no mereces llegar a la solución por ti mismo. Algunas veces tu manera de ver las cosas no son las más correctas, otras veces, simplemente no te esfuerzas en comprender nada, meramente valoras aquello que tú quieres entender, y pasas de largo detalles que no has querido profundizar. Luego piensas que, en este mundo, hay cosas que no merecen tu tiempo. Sin embargo, si has llegado hasta aquí, tú mismo te contradices. Si te encuentras en este punto, es porque el tiempo que le dedicas a ello es importante, no una pérdida infeliz. Si no lo comprendes, nadie te ayudará a desentrañar tus propias dudas, tus desdichas. Has pisado muchas cabezas, antes de llegar a este momento y ya sabes que el camino ha sido largo, aunque no has dado ni un solo paso.

Quieres respuestas y tienes más incógnitas por resolver. ¿Has avanzado en la comprensión?, ya sabes que el regalo lo tienes frente a tus ojos. ¡Lo estás viendo! ¡Lo puedes oler! Es todo tan tangible que se escapa a tu razón. Nada más necesitas cruzar el umbral de la conciencia que te mantiene atado a tu verdad. Atraviesa el abismo y hallarás la respuesta. Estás leyendo tu propio epitafio y no eres consciente, únicamente puedes soñar en recibir el merecido descanso que durante el último año has deseado, ignoras ser capaz de aguantar otro más, en las mismas condiciones. Te agobia tu propia realidad, esa que vives con desconcierto en la miseria, donde anhelas ser una leyenda que aún no se ha escrito y la verdad te elude. No dudes en hallar aquí un relato, existe si lo miras bien. La verdad no es un pretexto sin más. Lees un meta-relato para agudizar tu imaginación.

—¿Ahora adviertes un atisbo de realidad en mis palabras?
Eludes aceptar que estabas equivocado, aun así, te crees superior. Comprenderás luego que tu lenguaje primoroso se sentirá obligado a discutir con seres inferiores que aún no han conseguido tu nivel de destreza con el hacha. Tardarás en advertirlo, sin embargo, que esos otros a los que pretendes ignorar, y que los hechos te obligan a afrontar, ellos suelen ser mejores que tú.

—No obstante, no voy a dejarte escapar, ahora que te tengo sentado frente a mis palabras, que ahora debieran abrirte los ojos, a ti.
Has vivido un pequeño descuido que solo pretende mostrarte tu fútil circunstancia vital. Vives y respiras, sabiendo que tú eres quién eres porque te hace falta ese calor que buscas, ese pequeño tesoro escondido que vive de tu comprensión, y que a menudo nada más ignoras. Triste es tu promesa, si no hallas ese amor escondido en tus entrañas, y que solamente te permite vomitar sinrazones, eso sí, con mucho aplomo y dignidad. Mírate en el espejo, y en tu reflejo entenderás que eres el centro de miles de risas. Tu miseria te acompañará, y cuando abras los ojos y rebajes tus aspiraciones de diferencia, entenderás que todo esto es un juego, y que tú eres una pieza más que puede caer del tablero.

No te mientas más. Has hallado lo que buscabas y vas a conseguir el premio, tu regalo está al alcance tu mano, este es el último plañido que vas a oír este año, alégrate, ya nadie va a volver a marearte con elucubraciones ignotas, relatos perdidos en el olvido. Cierra los ojos y da el último paso que te lleva al final del camino. Caerás, tal vez, en que el presente ofrecido es la oscuridad de la nada. No valoras el suspenso como tu regalo y esto es lo que te mereces, no te engañes, tu destino es una desaparición anunciada, ignorada. El averno es tu destino final, no esperes nada más que el infierno. La ofrenda que allí recibas será la indiferencia ajena.
—Si te ofende tanta cháchara, piensa que cuando escribí estas letras lo hice pensando en ti, en aquel maestro ignoto que juzga sin conocerte, sin saber quién eres. Sin más, sabiéndote el látigo de la verdad única. Eres una burda farsa, una irrealidad que se miente a sí mismo. Acéptalo.
¿Crees haberte reconocido?, entonces ese eres tú y sabes que el regalo te pertenece. Estará escondido en aquello que sin tú quererlo o sin saberlo, habrá ayudado a alguien.
Omitiendo conocer esa realidad, si la intuyes, siempre declararás que esa fue tu intención. En realidad, serán palabras vacías sin sentimiento genuino. Epítetos esparcidos en un papel que no limpió tu lodo tan manifiesto y que tú ignorarás siempre que puedas, aunque lo huelas. Tarde verás que tú eres tan mortal como los demás. Si hubieras vivido dejando vivir, hubieras sido más feliz.
—Tal vez no has escogido bien tus cartas, no siento haberte mareado tanto. Es hora de hacerte reflexionar. ¿Consideras que alguien quiere saber cómo mides tus palabras? Según como repartas tus observaciones te diré que tú no me importas. Solo cogeré aquello que me valga, tu inaceptable perversa nota es casual, banalidades para colmar tu orgullo ofendido.
Ya puedes dar el paso, quemar estás palabras y saltar al vacío, donde tú no recibirás nada más que pervertidas y falaces adulaciones. La dádiva la tendrás ante tus ojos cuando reconozcas la realidad de tu miseria.
—¿Has descubierto el obsequio que se esconde en este relato?
Acepta tu regalo y vuela, o dale recuerdos a Belcebú.








Comentarios
  • 2 comentarios
  • *saca el látigo* Por Loviatar!! El dolor y el sufrimiento es el camino!! XDD Oye pues a mí me ha gustado el relato, muy para reflexionar sobre lo que hacemos con el trabajo de los demás.

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 10 meses

    ¡¡Uf!! ¡Es muy críptico!... Me gusta mucho la idea de que le hables al lector y está muy bien escrito, pero seguramente has abrasado muchos fusibles con él, de ahí la nota excesivamente baja.
    Como poco hay que premiar la originalidad.


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