Eruiel contempla impotente cómo sus compañeros de armas vuelven a morir frente a ella, de nuevo. Por tercera vez ve desplomarse al enorme dragón esmeralda sobre el grueso de su ejército. Por tercera vez siente que su corazón sale de su pecho. Por tercera vez llora la muerte de todos y cada uno de sus hermanos, los últimos elfos de Täraiel.

No puede hacer nada. Está atrapada en un bucle que le obliga a revivir ese día desde el comienzo de la batalla hasta ese preciso momento. Sabe que no es una guerra justa. Sus flechas contra sus gigantes de metal. Sus dragones contra sus pájaros de metal que exhalan un hálito destructor.

Eruiel vuelve a liderar la carga por cuarta vez. La tierra se desgarra ante el avance arrasador. Su infantería aniquila en segundos fila tras fila con aquellos rayos de energía verde. Ella salta, corre, esquiva, mata. A pesar de todo piensa que esta vez será diferente, que esta vez podrá liderar a sus hermanos hacia la victoria. Que no habrá quinta vez. Salta sobre el líder de aquellos hombres de metal y…

Eruiel vuelve a liderar la carga por quinta vez. La tierra se desgarra ante el avance arrasador. Su infantería aniquila en segundos fila tras fila con aquellos rayos de energía verde. Ella se desploma, llora, golpea el suelo con desesperación. ¿Por qué la diosa la abandona cuando más la necesita? Entonces…

Eruiel vuelve a liderar la carga por sexta vez.

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