Me pillas en un mal momento, corriendo como no lo he hecho en la vida. Por suerte, Marco se adelantó para cargar casi todos los bultos y nos espera con el motor en marcha. El plan es correr y rezar porque el dueño del local –insatisfecho con nuestro trabajo- y sus gorilas no nos sigan. Cierto: no es un plan demasiado elaborado.

Miro atrás y veo que mis compañeros casi me han alcanzado. Luis, con la guitarra a cuestas, y Lourdes, con el maquillaje hecho un desastre. No puedo creer que hace un mes ni siquiera les conociera. Ni que cuando les conocí no pudieron importarme menos.

Marco me arrastró a un local con la promesa de darme una sorpresa. Las copas eran baratas, había música en directo y era lo bastante listo para saber que no me encontraba en mi mejor momento creativo, y que necesitaba distraerme.

Aunque si quería animarme viendo al grupo que tocaba aquella tarde, no lo iba a conseguir. La chica intentaba no desafinar en alguna estrofa. Nunca lo logró. El chico que la acompañaba a la guitarra (después me enteraría que era su hermano) era un desastre con pantalones de pitillo. Fue horrible. Una de las peores experiencias de mi vida. Pero no pude dejar de mirar ni un momento.

Tras el concierto, Marco me los presentó y todo quedó un poco más claro: la chica era su nueva novia. A ella no le importaba que él fuera bastante mayor, del mismo modo que a él no le importaba escuchar aquella voz de animalillo que sufre. No pude ser amable y les dije lo que opinaba sobre su música. El chico miraba al suelo y ella casi rompe a llorar.

—Tendréis que disculparle –intervino mi amigo. Julio es un compositor muy exigente consigo mismo y con los demás.

No me preguntes cómo, pero la charla se relajó. No eran malos niños, después de todo. O igual es que todo se ve de otra manera con unas copas de más. Dos horas después Marco era el nuevo batería de Golden Pullovers, y yo su nuevo vocalista. Para él era algo divertidísimo y yo me lo tomé como una penitencia por todas aquellas horribles canciones que había escrito para otros a lo largo de mi vida.

Pero ahora, mientras corro, me doy cuenta de que estoy enamorado. Enamorado de esta cosa que llamamos grupo. Adicto a este fracaso de banda. Feliz porque cada vez fracasamos mejor. Tener éxito es hasta fácil, pero lo nuestro es casi un arte.

Saltamos a la furgoneta. Me duele todo el cuerpo y no puedo dejar de reírme. Marco acelera, mira por el retrovisor y avisa de que no nos siguen. Los chiquillos están aterrados, no dicen nada y mi risa se apaga. Miro el móvil y digo en voz alta:

—Tengo una llamada perdida de vuestra madre… Y un SMS en el que nos pregunta qué tal el concierto. ¿Qué le digo?

Soltamos una carcajada. Sólo puedo seguir riendo.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Iacta Est @Azalea hace 7 meses

    Primero pensé que era muy serio pero me ha encantado el giro. Muchas gracias por compartirlo <3

  • Rísquez @Risquez hace 6 meses

    Gracias a ti, por pasarte a comentar. Y me alegro de que te gustara el giro ;)


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