En esa casa odiaban el Halloween, pero aún sin haber puesto una sola decoración se tomaron el trabajo de cocinar unos panellets. Me comí algunos de los que quedaron sobre la mesa y me dirigí a la puerta. Al pasar junto al cadáver de la anciana, dejé una nota escrita a mano guardada en uno de los bolsillos de su saco. Me sonreía a mi mismo al imaginar lo que pensarían las autoridades cuando lo encontraran; probablemente acusarían a alguno de los adolescentes revoltosos del barrio, a alguien que llevó demasiado lejos su "truco" al no obtener su "trato".

Desaparecí en la oscuridad de la noche, rumbo a la siguiente casa que hubiese olvidado poner una calabaza en su entrada. Mientras tanto, preparaba la próxima nota: "las linternas ahuyentan a los demonios"

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