"Abre los ojos, cierra la puerta.

Sella tus labios, el lobo se acerca.

No hagas ruido, mantente despierta.

Aguarda en la oscuridad, no te des la vuelta".

Las calles sonaban a voz de niñas entonando aquella canción heredada de sus abuelas. Las luces se apagan y las campanas repicaban durante la noche de difuntos. Las chicas de mi edad ya estarían recogidas en casa, de acuerdo a esos versos. Yo no.

La humedad traspasaba mi piel, el suave viento descubría los árboles a nuestro paso y me hacía temblar —de frío—.

Marc llevaba un rato sin hablar cuando cayó al suelo.

Su silueta quedó reflejada en la tierra. De pronto, mis rodillas se clavaron en el suelo y, sin saber qué hacía, me vi respirando dentro de su boca.

"La chica no volvió,

nadie sabe qué pasó.

Solo restos de panellets

en sus heridas se encontró".

Hacía un rato habíamos estado hablando de nuestros planes de futuro al calor de la chimenea de una cafetería comiendo panellets. Ahora, todo estaba a punto de quebrarse...

¡Dios mío!

Marc se levantó con tanta fuerza que esta vez fue mi silueta la que quedó registrada en el suelo. Aturdida por el golpe, apenas atisbaba unas sombras bajo los destellos de la luna llena.

Ropa rasgada.

Gruñidos.

Respiración acelerada.

Logré fijar la vista en un punto, pero unos dientes enormes unidos por hilos de babas se acercaron a mi cara.

Eché a correr. Pero el bosque era enorme. ¿Realmente era Marc quien me estaba siguiendo? "No te des la vuelta", repite una y otra vez mi mente. Corro, pero no hay límite. Solo troncos viejos y delgados, desnudos. Corro, pero no hay escape. Sus patas acarician el barro cada vez más cerca. Está muy cerca. "No te des la vuelta". "Madre mía, aún tengo el sabor de los panellets". Me está alcanzando. ¿Recuerdas? "Cierra la puerta", "aguarda en la oscuridad". El lobo se acerca. Escucho su respiración casi tanto como la mía. Sus dientes chocan con la velocidad. Está aquí. Me ha alcanzado. "No te des la vuelta", "no te des la vuelta". Sus patas delanteras se elevan y caen sobre mi espalda. Todo queda negro.

"La chica no volvió".

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