"Erase una vez un apuesto caballero en busca de..."

—¡Un tesoro! ¡Un dragón! ¡Una damisela en apuros!— Gritó Amy desesperada.

No se podía creer que ese libro fuera como el resto. Lo golpeó contra el suelo enfurecida deseando que los cuentos no fueran tan... cuentos. Todo príncipes y princesas (guapos, como no) el acné juvenil, la obesidad y los complejos no existen en los cuentos de hadas.

Pero no le malinterpretéis, claro que le gustan los finales felices pero en una vida de sapos que por mucho beso siguen siendo sapos el tema de las perdices acaba cansando.

En tus primeros cuentos estás muy emocionado pensando en cómo serán tu príncipe y tu reinado; en los 12 o 13 siguientes empiezas a darte cuenta de la personalidad y físico surrealistas, aunque sigues con esperanza de sentir esas mariposas o tener esa larga trenza. Hasta que finalmente llegas a los 16 o 17 y pierdes toda la fe de que existan polvos y alas mágicas.

Os podría contar cómo nació Amy, en una tarde invernal bajo el lecho de unos humildes campesinos. Os podría contar cómo sus padres sintieron que tenía algo especial con solo mirar sus deslumbrantes ojos. Podría contaros tantas cosas de ese precioso día... pero os estaría mintiendo.

Amy nació en una ciudad, de la que no os voy a decir el nombre. Solo hace falta que sepáis que era una ciudad perteneciente a un país desarrollado, ya que como bien sabéis gracias a la globalización el lugar no cambia la vida de una persona por mucho agua que haya en Venecia o por muchas luces que veas en Tokio.

Sus padres no eran unos humildes campesinos que se imaginaban el gran futuro que tendría con solo mirarle a los ojos. Estaban muy ocupados pensando en su sueldo, conseguido por un trabajo de simple comodidad, o en que iban a llegar tarde a tomar unas cañas con sus amigos de siempre en el bar de todos los días.

Dejando a un lado esta burda presentación, ¿queréis saber por qué Amy no es capaz de estar sin un libro en la mano? Ella quiere encontrar un libro que le diga la verdad. Y Amy no es más que Lucas en realidad, y Rebeca, Eric, Julianna, Víctor, Yuko, Abdel...

Amy es cualquier persona que no busca ese trabajo habitual, sino uno que le haga sentirse feliz. Esa persona que no va al bar de siempre, porque quiere disfrutar el olor del café en frente de un escaparate diferente.

Amy es todo aquel que se siente una orquídea negra porque no consigue encontrar su color, porque no se quiere pinchar con la monotonía que es ser una rosa más del montón. Eres tú, lector soñador que busca y busca con tensón un libro en cada rincón; un libro que te haga sentir que no eres el único ser humano que algún día, en algún momento, ha perdido la pasión.

Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar.