La mía es la típica historia… siempre que seas pionero en superciencia, que hayas participado en programas militares con drogas experimentales y que tu exnovia sea una supervillana loca.

A ella la conocí en la academia del Proyecto Prometeo, y enseguida supimos que estábamos hechos el uno para el otro. Era competitiva, determinada, rápida y con las ideas muy claras. A nadie le extrañó que terminásemos siendo pareja, ni que fuésemos los primeros en obtener poderes.

Ella es el toque de la muerte misma. Todo lo que alcanza con sus manos se aja y pierde la vida.

Yo, soy un místico. Un doctor capaz de comprender y curar el tejido de la realidad, de fabricar cualquier idea que abarque la imaginación. Ya sabes quiénes somos, ¿verdad?

Juntos, fuimos la pareja más famosa y querida del mundo (¿te acuerdas?). Éramos más que estrellas del rock, más que millonarios chalados, más que reyes… casi dioses. Al final, supongo que ella se volvió loca. Nadie pudo culparla. Que a gente la mirase con miedo, que susurrase a su paso, que la llamasen La Parca, Martirio, La orquídea negra (el apodo favorito de los medios)… Simplemente no pudo soportarlo.

También se volvió ambiciosa. Decidió que si todos la consideraban una diosa no estaba sujeta a las mismas leyes que el resto de humanos, y se convirtió en la primera supervillana. Luego, otros la siguieron, como Calamidad o Sinestra. Chantajeó a las grandes fortunas, hizo arrodillarse a los hombres más poderosos y, una vez, retransmitiendo por todos los canales de forma simultánea, amenazó al planeta entero. Pero todo eso acaba hoy.

Llevo el Libro Arcano. He estudiado cada hechizo de cada página y nada puede fallar. Soy el campeón de La Tierra. El Elegido contra La orquídea negra. Mi victoria será un aviso a esos supervillanos de segunda de que el crimen no compensa.

La veo a lo lejos. Acelero el vuelo a Match 2 y me abalanzo sobre ella antes de que pueda parpadear. Primero, tres golpes en puntos vitales, solo para inmovilizarla. Después, lanzo un hechizo con un movimiento de manos casi imperceptible y la hago entrar en trace. Al final, queda aprisionada en una cárcel de éxtasis (he jurado no matar. Soy mejor que ella).

Han sido unos segundos, pero estoy agotado. Recojo mi capa y me dirijo hacia los drones que están grabando el evento. Noto un cosquilleo. Estoy sangrando por la nariz. Los oídos me pitan e, incapaz de mantener el equilibrio, caigo al suelo. Se me nubla la vista, pero aún distingo a la silueta oscura que tengo delante. ¿Me ha tocado sin que me diera cuenta? ¿Cuándo ha sido? Tan débil… no me es posible mantener su encerramiento, ni levantar mis defensas. Casi no puedo moverme, pero aún estoy vivo. Bendita superfuerza.

Se agacha… Su sonrisa se convierte en un mohín y me dice que lo siente, que no puede luchar contra eso.

Y, con una caricia suya, todo se vuelve negro.

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