Otra ola más sacudió el Lorewalle. La tormenta crecía y crecía. Los cadáveres se extendían por todo el barco. El joven capitán Edward clavó su daga en el costado de "Phillip el maldito".

¿Pensabas que no iba a vengar a mi padre? - Exclamó el joven Edward, su rostro parecía el de una bestia. Sus ojos reflejaban su sed de venganza. Su cara estaba a solo dos centímetros de la de El maldito. - Todo este tiempo he esperado para saborear tu muerte.

Parece que no has entendido nada, bastardo - Phillip asestó un cabezazo a la nariz del capitán. Este cayó de espaldas en la proa del barco. Desangrándose El maldito se desencajó la daga de las costillas. Ahora capitan Edward parecía acorralado.

Otra ola meció el Lorewalle. Phillip acarició sus largas barbas color azabache. Recogió el sable que tiró el joven momentos antes. Le tiró la daga a los pies.

- Veamos de que estas hecho, bastardo.

Se enzarzaron en una gran lucha. Varias estocadas y acometidas. El capitán esquivaba a duras penas los golpes. El sable rozó su mejilla formando una gran brecha. Cada vez estaban mas cerca del borde. El maldito cargó una vez mas contra Edward. Logró esquivarlo. Rotó varios pasos para colocarse detrás. Lanzó una patada e hizo que Phillip quedara colgando de la proa, agarrado con las dos manos. La daga atravesó las dedos de la mano izquierda del maldito.

¿Por qué? - Gritó Edward. - ¿Por qué lo hiciste?

¡Tu padre era un traidor idiota! Vendió a los suyos por unas monedas y varias fulanas. - Phillip tras esas amargas palabras comenzó a reírse, era una risa irónica que rozaba la locura. - Toda tu vida intentando vengar a un traidor. Mira a lo que te ha llevado. Los que quedáis en este barco moriréis al naufragar con la tormenta. Nos vemos en el infierno, bastardo.

Antes de que Edwuard pudiese decir nada Phillip se soltó, lanzándose a al mar embravecido. El capitán comenzó a llorar, se le veía confundido. Llevó a los pocos hombres que quedaban vivos a las barcas de salvamento pero el decidió no montarse.

"Este secreto se vendrá conmigo al fondo del mar " Fueron sus últimas palabras. Después nos hizo jurar que jamas, ni por todo el oro del mundo, contáramos esta historia a nadie. Menos a mí. Me encargó que se lo contase si aun vivía cuando la conociese.- La señorita Elisabeth me miró con los ojos llenos de lagrimas, asintió con la cabeza. - Mi mas sentido pésame.

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