La moneda es un simple disco de algún material pesado, con figuras talladas que diferencian su valor, por estos discos se intercambia productos y beneficios ¿que valor tiene la vida? el intento de conservación de la especie, adapto metal a la carne, lo llamaron tratamiento Clepsidra, un exoesqueleto que se encarga de mantener vivos los órganos vitales, solo un año dura la energía si no se renueva Clepsidra anuncia el celebre día mortuorio.

En este mundo vive Emeteria con sólo 10 años, porta consigo la inocencia, recorre el centro, busca un regalo para su madre quien hoy cumple años. Al caminar por una galería quedose inmóvil, un frio cosquillear subía por su espalda, su vista se vio ennegrecida, decidió sentarse en el suelo hasta que pasara, luego su ritmo cardíaco comenzó a bajar y la niña a tranquilizarse, en ese instante quedo cegada por una imagen, el blanquecino vestido impoluto, las estrellas que brillaban en su espalda.

Me quede inmóvil, casi sin aliento pensé en volar de su mano, Leia voy a esperarte.

ya el cielo, se volvía nocturno, Emeteria apuró su marcha, lo que la pequeña ignoraba es que hoy era el funeral de su madre. A metros de entrar la espera una figura oscura, de inmensa cabeza en comparación a su cuerpo, sin miedo prosélita de la inocencia la niña se acerco a su puerta cuando la figura habló.

—Emeteria soy Benigno, un viejo amigo de tu madre, vivo en un pueblo a un día de aquí.

—Si quiere ver a mi madre, ella está arriba esperándome.—¿quien será esté señor? mi madre siempre tuvo amigos extraños

—Ya eh visto a su madre me ha dado está caja. mañana a las 8 AM volveré a mi pueblo, no dudes en venir si a si lo deseas.

Se despidió quitándose el sombrero pude ver mejor su rostro, parecía tener más de mil años, quito de su abrigo un nota y me la entregó. ¿que me fuera con él? no entiendo, pero ya no quiero esperar más, mi madre está arriba, esperando mi llegada.

La pequeña corrió por las escaleras hasta el 5 piso de la pensión, detrás de la puerta H estaba su cuarto, le extrañó que la puerta se hallase abierta, pero sin pensarlo entró, el aire estaba viciado, la madre descansaba en el cuarto final.

—Palida, fria, así no veré a mi madre por última vez.-con el silencio como respuesta, la pequeña se dedicó a peinar el largo cabello rizado de su madre, bañó y perfumó, toda la noche la paso frente al cuerpo, hasta el amanecer, había decido irse con Benigno, quizás ese fue el deseo de su madre.

—Debes estar bonita para cuando Leia venga, hoy la vi en el centro, se que va a salvarnos.

ya salió el sol madresita, debo irme hoy viajaré con Benigno, el viejo amigo tuyo. Aquí te dejo, pasará Leia a buscarte y juntas volarán por el universo y algún día, también me buscará a mi.

Emeteria guardó lo que pudo en un pequeño bolso y emprendió el viaje, Benigno la esperaría en la salida del pueblo. Al verlo de día notó que su rostro parecía bondadoso aunque de mirada fría, un rostro que vendió su risa hace tiempo, una pierna era evidentemente más larga que la otra, parecía un engendro formado de más personas.

—esperaba que vinieras niña, viajarás en el coche yo guiaré a los caballos, el camino es duro.

viajaron durante horas hasta que se hizo de noche, la oscuridad del camino dejaba ver vasto cielo, Emeteria pensaba en su madre, volando de la mano de Leia hacia el éter.

un día de viaje al sur, subiendo la montaña Antares famosa por su gélida fauna salvaje, ahí se sitúa el pueblo de Lästermaul, hogar doctores parásitos, que dedican su tiempo a la compra-venta de órganos humanos, lacras escupidas de la sociedad. Un pantano inmundo donde el cuerpo se cambia por monedas, los miembros de Lästermaul, suelen ser amputados, con deseo de prolongar su vida, ríos de botellas rotas, peleas callejeras. Mientras la niña dormía Benigno acerco el coche a una vieja casa, parecía un hotel, en el zaguán descansaba, Tesio un tipo alto, hecho piel y huesos que al ver a Benigno levantose en señal de respeto.

—Buen día Benigno, lo estaba esperando

—Ella es Emeteria, quiero que le prepares el cuarto del fondo.

—¿También pagará por la vida de ella?

—Se quedará lo que se quede, ahora ve a prepararle el cuarto.-Después que Tesio, entrase en la vieja casona, Benigno despertó a la niña

tras la puerta se encontraba una pequeña recepción, donde estaba parado un joven, con aspecto matón, jugaba con el filo de una navaja que encastraba en un dispositivo que salia de su mano amputada, al ver a Benigno, interrumpió su actividad para darle un respetuoso saludo, siguieron por un largo pasillo con varias puertas que señalaban los baños, al fondo estaba la escalera de incendios, al parecer el viejo elevador había dejado de funcionar hace años. al llegar al tercer piso Benigno señaló la puerta donde dormiría la niña, al entrar benigno cerro la puerta con llave y se fue.

Con su inocencia característica la pequeña descargó su preciada carga, dentro de un bolso tenía sus muñecas, sólo tres, las acomodó en un viejo estante de madera ya acompañada junta sus manos en petición divina, conversa directamente con su esperanza, la princesa, con quien cruzará el océano estelar.

justo en ese instante pasos se escuchan por el pasillo, esos pasos discontinuos, era sin lugar a duda el caminar de Benigno, sorpresa para ella fue escuchar el ruido de la llave, estaba entrando en su cuarto

—¿Estás ahí?-la pequeña Emeteria enmudeció al instante, se acerco lentamente, resignada por una fuerza superior.

—No tienes que temer, Benigno va a cuidarte bien, mira te he traído un regalo.-de su mano colgaba un hermoso vestido rojo sostenía además unos zapatos de tacón alto.

—Esta noche debes verte bien, quiero presentarte a un amigo, vístete en unas horas pasaré a buscarte.-De un portazo, Benigno dejó sola a la niña, quien temblaba.

¿Podría ser que una familia buena quiere adoptarme? puede ser bueno, no, es bueno, debe ser bueno.

La dulce esperanza de Emeteria, tras pasar las pocas horas, se volvió a escuchar el caminar arrítmico, el girar metálico de la llave, ya era hora.

Al abrir la puerta Benigno inspeccionó cada parte de su cuerpo durante unos segundos, luego pidió que le siguiera, por el mismo asqueroso pasillo, subiendo dos pisos más al quinto. en la última puerta del pasillo Benigno paro su marcha.

—Hasta aquí llego yo niña, en este cuarto te espera, volveré pronto a buscarte.

Dentro se hallaba un hombre con el torso desnudo, esperaba a la niña con su aliento etílico, su bífida lengua punzante, piropeaba a Emeteria con el desprecio, una poesía tétrica, noche cruel donde se perdió la inocencia.

A las pocas horas Benigno intentaba despertar a la niña que yacía en el suelo del cuarto.

—Despierta Emeteria, aun no es tu hora, Benigno está aquí para cuidarte, mira lo que te ha hecho, no tenía que lastimarte, pero ya no debes preocuparte por él, Benigno se encargó de la escoria, pero tienes que despertar.- el desesperado lenguaje de Benigno dio resultado, la niña solo había estado desmayada, el alivio fue inmenso cuando abrió lo ojos, no recordaba todo lo que había paso, se contuvo de llorar y solo pidió agua, después de beber Benigno, la cargo en brazos hasta su cuarto, la acostó en su cama mientras canturreaba una vieja canción danesa, con un dulce beso en la frente Benigno se despidió.

Temprano la mañana siguiente, Benigno esperaba pacientemente el despertar de Emeteria, sentado a un costado de la cama. Al abrir los ojos y ver la inmensa cabeza del malformado, Emeteria entristeció "...no fue un pesado sueño lo de anoche..."

—recuerda tienes que estar bonita, cambiate esos harapos, Benigno ha dejado algunos vestidos en tu cuarto.-la sonrisa fría de Benigno apuñalo los ojos de la niña. zapatos de tacón alto, medias de red, vestidos cortos y faltas pequeñas, la sorpresa desagradable de un espejo en su cuarto, la inocencia corrupta.

convertida en el pútrido placer de hombres enfermizos, rezaba con fuerza la salvación, así fueron los últimos meses de la niña. hoy será el fin de su sufrir, en pocas horas el reloj biológico de Ursula se parará, es algo que ella ignora. más temprano en la mañana Benigno se le aparece en el cuarto.

—no trabajarás hoy, debo confesarte algo, eres el fruto del amor de tu madre y mio Ursula, soy tu padre y hoy se cumplen 11 años de tu nacimiento, quiero darte esta cajita musical, era de tu madre siempre te la cantaba esta canción antes de dormir.

—¿Leia vendrá hoy? Todo va a cambiar, aun tengo la esperanza.

—La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre. Hija, no hay paz después de la vida.

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