Y la vio caer...

Su boca se entreabrió, a la par que sus ojos, se le notó tensar la garganta un instante después. Sus ojos, primero despacio y acelerando el ritmo, empezaron a llenarse de lágrimas. Pronto cayó en un silencioso llanto al que le siguió un grito de dolor profundo que venía bien de dentro del alma. Se le contorsionó toda la cara y pasaron unos segundos hasta que gritó:

-¡ES TÚ CULPA!

Su llanto era desolador, realmente daba pena. Prácticamente se oyó cómo se le desgarraba el alma. Todos alrededor estaban tristes, pero ninguno como él. Lloraban, o lo miraban con compasión, pero no sufrían como si fuera el final del universo.

Porque para ellos no era el final del universo.

Entonces nuestro protagonista tomó una de las armas que habían llevado y empezó a disparar hacia aquel que ahora odiaba intensamente.

—¡LE DIJISTE QUE SE TIRARA! ¡ELLA JAMÁS HARÍA ESO! ¡TÚ LA MALTRATASTE, LA PUSISTE EN ESE ESTADO!

¡Disparaba a lo loco, aturdía con los ruidos, aterrorizaba a la gente! No le importaba, sólo sentía dolor y ganas de matarlo. Sólo...

Largó a correr; en el camino desenterró un fierro que usaban de estaca, y, empuñándolo cual luchador, empezó a atacar al supuesto culpable.

Este actuó velozmente, abriendo grande los ojos y echando a correr los más rápido que pudo. Saltó la valla y tomó la tapa de un tacho, a modo de escudo. Parecía una auténtica batalla medieval. O una recreación de la misma, hecha por niños.

Afortunadamente, entre todos pudieron detenerlo, y, chillando, regresó a su estancia.

Pasado el amanecer, se encontraba sentado en su cama, con la típica posición de estrés, enjuagándose los ojos una y otra vez.

Hasta que entró su ex-contrincante.

—Lo lamento...

—No, está bien, lo entiendo. Necesitabas culpara a alguien.

—Pero es que tenías una expresión tan atemorizada.

—Es sólo que no me lo esperaba, no me lo veía venir—y como no contestaba añadió—.Eh, anoche fuimos a buscarla.

Aún con la cabeza gacha, sorbió la nariz.

—¿Estaba?—preguntó atemorizado.

—Sí, afortunadamente...Venía a decirte que hoy por la tarde la enterraremos y haremos su funeral. Terminará a la noche.

—Era su hora favorita del día...

—Sí...

Eran las 6:30pm. y estaban todos vestidos con su mejor traje negro, frente a un cura y un ataúd. Un aire deprimido se respiraba en el ambiente, mientras dicho cura daba un discurso que sonaba pesado y sin sentido para una persona; la única que había sido esposa de la fallecida.

Le parecía una broma, una desconocido hablando sobre lo buena que era ¿Qué sabía cómo era? Él sólo quería que todo acabase para poder despedirse...

Fue el único que se quedó de principio a fin. A la luz del atardecer, observando el entierro.

Cuando el último pedazo de tierra cayó, se acercó

—Jamás te olvidaré—le decía mojando el cadáver con lágrimas—, jamás pensé que pudieras pasar esto; estar separados...—se le quebraba la voz—. Te amo—cayó otra lágrima.

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