Se entretuvo comprando unos lirios, para cuando llegó eran pasadas las cinco. Recorrió el serpenteante camino que ya se sabía de memoria, sin prisa, disfrutando del paisaje, a fin de cuentas, sabía que ella no se iría a ninguna parte.

Al llegar, una hermosa cruz tallada en mármol le esperaba, marcando el lugar exacto donde ella yacía. Depositó junto a esta las flores, se sentó y miró hacia el cielo despejado, pensando en ella.

Se llevó la mano a la nariz y una suave risa se escapó de sus labios al recordar cómo se conocieron, en ese mismo lugar, de hecho. Era tarde y él iba manchado de tierra de pies a cabeza después de acabar un enterramiento. Ella se lo cruzó después de haber presentado sus respetos en la tumba de su abuelo, si no recordaba mal, y al verlo en la oscuridad y sin llevar sus gafas, lo confundió con un zombie (todavía le hacía gracia aquella conclusión) y cogió una pala que algún otro sepulturero había dejado olvidada y le propinó un palazo en toda la cara, rompiéndole la nariz. Tras ponerse las gafas y ver que era un humano normal y corriente con la nariz rota, lo llevó al hospital más cercano y se disculpó más veces de las que uno podría contar. A partir de ahí comenzó todo.

Él suspiró y sonrió, nostálgico. Después se levantó, cogió aire y comenzó a hablar.

- Al principio no me podía creer lo que ocurrió, pensaba que era simplemente una mala pesadilla. Me enfadé con el destino por haberte arrancado de mi lado tan bruscamente, cuando aún te quedaba tanto por vivir. Me pregunté repetidas veces que hubiera pasado si yo hubiera estado contigo aquel día...-el rostro se le ensombreció unos segundos e hizo una pausa, después respiró profundamente-. Me sumí en tal depresión que no salí de casa en semanas, no diferenciaba el día de la noche ni me preocupaba por cuidarme en lo más mínimo, de echo, me parecía a uno de esos zombies de las series que tanto te gustaba ver.

Tu muerte me dolió como nunca me había dolido nada, pero creo que a pesar de todo, estoy listo para seguir adelante. He entendido que da igual las veces que me pregunte qué podría haber pasado, nada cambiará lo que ocurrió. Tampoco debo estar enfadado con el destino por haberte apartado, porque si no fuera por él, no nos hubiéramos conocido.

Siempre decías que hay que mirar hacia el mañana, que lo pasado ahí se queda. Y eso voy a hacer. He vendido mi piso y la semana que viene presentaré mi dimisión, me mudaré a otra ciudad y cuando llegue buscaré otro trabajo. Estoy haciendo borrón y cuenta nueva. Hoy he venido a despedirme, ya que no creo que vuelva por aquí-cerró los ojos unos segundos y disfrutó la brisa que le revolvía el pelo-. ¿Sabes? No me lo esperaba. El enamorarme de ti... me pilló completamente por sorpresa.

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