El sarcófago reposaba abierto con el cuerpo de Camlen en su interior. Deslumbraba, de color dorado, con piedras de ademita reflejando luces moradas por el altar del templo.

Allí estábamos su tripulación: cazarrecompensas de varias galaxias. Miré a Daram, que estaba al lado del féretro. Se secaba las lágrimas con sus brazos superiores mientras que con los inferiores daba vueltas al emblema de la nave, una estrellita de ocho puntas. Se puso la insignia en el vestido, amarillo, que resaltaba sobre su piel violeta.

—Muchas gracias por estar aquí. —El par de brazos de Daram que se apoyaban en el atril temblaba con espasmos.

Seguía en mi mente la imagen de Camlen antes de morir. Pensé en momentos que habíamos pasado juntos; reviví cómo nos conocimos.

Apenas tenía doce años, era un niño asalvajado y egoísta que solo pensaba en sí mismo. Malvivía en las calles a causa de la Guerra del Contacto, con los primeros extraterrestres que conocimos. Mis padres marcharon al frente y nunca volvieron. Así que unos contrabandistas me secuestraron en la Tierra para venderme como esclavo.

Estuve un año realizando labores campestres para unos alienígenas rojizos y de aspecto compacto en un planeta rodeado por una nebulosa. Vivía en una pocilga y compartía la comida con unos jabalíes cornudos que me doblaban en tamaño.

La voz de Daram se rompió, así que le sonreí para darle ánimos. Ella continuó.

Una granja rival mandó a Camlen para destrozar nuestras cosechas. Incendiaron la porqueriza mientras yo dormía. Oí una voz aguda e infantil que insistía en que había alguien dentro. Como su padre la ignoró, Daram atravesó las llamas y me cogió en brazos. Pensé entonces que seguiría siendo un esclavo, pero para otros extraterrestres.

—A muchos de vosotros os recogimos por el camino y él siempre deseó daros un futuro mejor.

Sin embargo, Camlen me demostró que podía confiar en alguien que no fuese yo mismo. Siempre me trató como a su hijo, aunque no lo era. Sobre todo a raíz de que Daram se uniese a la Hermandad Orintia por su don de percepción extrasensorial. Eran mi familia, la mejor.

—Pero este final es un nuevo comienzo. Abandonaré la Hermandad para volver con vosotros.

Daram me miró y esbozó una leve sonrisa.

—Y esta es mi primera orden. ¡Todos a sus puestos!

Desenfundamos las armas y apuntamos al portón, que estalló y una banda de piratas entró entre disparos. Salimos todos por una puerta lateral mientras Daram, en la retaguardia, seguía disparando flechas láseres. Atrancamos las salidas y corrimos hacia la Estrella. Antes de embarcar, Daram me tendió un detonador.

—He pensado que deberías hacerlo tú. También has perdido a tu padre hoy. —Sonrió, triste.

—Hagámoslo juntos —le dije mirándola a los ojos.

Coloqué mi mano sobre la suya y apretamos el botón. Camlen y el templo explotaron convertidos en una bola rojiza.

Me senté a los mandos y arranqué la nave. Empezaba una nueva etapa y Daram nos llevaría a la gloria.

Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar.