Tres de junio:

Lo sacan a hombros por la puerta grande. En su mano lleva una oreja del toro que acaba de matar. Su boca y sus ojos sonríen. Saluda con la mano y recibe todo el calor del público. Se acuerda de su hijo y sonríe aún más. Al llegar a la calle, una furgoneta fuera de control arrolla al grupo de gente que lo lleva en brazos. Dos personas mueren; el resto, incluido él, resultan heridas leves. En el hospital lo mantienen en observación y le realizan varias pruebas para descartar daños internos. Horas más tarde llegan los resultados:

—Sobre el accidente, no hay daños de gravedad, solo algunas contusiones. Sin embargo, tendremos que hacerle algunas pruebas más. Hay algo en sus pulmones que no está bien.

Veinte de junio:

Le extirpan un tumor maligno de dos centímetros del pulmón derecho. No quedan rastros visibles de enfermedad en su cuerpo, pero se somete a un tratamiento preventivo de quimioterapia. Es apartado de los ruedos.

Diez de julio:

—Cariño, ¿cuánto hace que no juegas con David? Te echa de menos.

—Déjame en paz. Bastante tengo con el puto cáncer. No quiero oírte.

—Eres un egoísta. —Rompe a llorar. —Siempre me has tratado como a una mierda. No sé como he aguantado, pero se acabó. Quiero el divorcio. Y no te preocupes, nunca más volverás a ver a tu hijo.

—Lo que tú digas, pero no me calientes la cabeza.

Catorce de julio:

—Papá, ¿no nos volveremos a ver más? —dice David con los ojos húmedos.

—Claro que sí, hijo. Mamá y papá vivirán en casas distintas a partir de ahora, pero tú puedes venir a visitarme cuando quieras. —Coge una caja envuelta en papel de regalo y se la da. —Toma, te he comprado un regalo.

David y su madre se van. Él se derrumba. Llora hasta que no quedan lágrimas en su cuerpo.

Dos de agosto:

—Los resultados no han salido como esperábamos. Tenemos que cambiar de tratamiento y volver a operarle.

Diecisiete de agosto:

Le extirpan el pulmón derecho entero. La enfermedad también ha dañado parte de la traquea. Se somete a un tratamiento muy agresivo de quimioterapia.

Veinticinco de agosto:

Su cuerpo ha perdido todo el pelo y está hinchado. Se mira en el espejo y llora. No se presenta a las siguientes citas con su hijo: no quiere que lo vea así.

Tres de septiembre:

Ingresa de urgencia en el hospital. Desde hace dos días sufre arritmias cardíacas que lo dejan sin fuerzas. Le hacen algunas pruebas. La enfermedad se ha extendido al corazón, al pulmón izquierdo y a la faringe.

—Vamos a administrarle un tratamiento paliativo. No podemos hacer nada más por usted.

—Déjenme ver a mi hijo —dice con un hilo de voz.

Diez de septiembre:

Su respiración comienza a relajarse. El corazón se cansa. La actividad cerebral se apaga poco a poco. Muere.

...

—Bienvenido —anuncia un ángel con cabeza de toro.

Comentarios
  • 3 comentarios
  • Wolfdux @Wolfdux hace 2 años

    No puedo evitar dejarte un comentario sobre tu relato. Primero decirte que me ha gustado, pero no acabo de entender el final. Me parece muy poco todo lo que ha sufrido el protagonista en tu relato. Soy de los que se alegran cuando ven una noticia en la que un torero sufre una cornada o acaba en el hoyo. Aunque luego pienso y sé que el toro y la familia de este sufren un destino peor… No me enrollaré en este tema. Creo que queda claro mi opinión al respecto, jeje. Sobre el cáncer, has conseguido plasmar en pocas palabras la agonía y el cambio que se puede producir de la noche a la mañana en la vida de quien lo sufre de una manera muy acertada. El recurso de ir separando la historia con fechas y en negrita (desconocía que se podía hacer) para que resalte más es todo un acierto. Desconozco si el diez de septiembre tiene un significado especial, pero no he sido capaz de encontrar nada en la red que me ilumine al respecto. Referente a los requisitos, el cielo no deja de ser una cosa positiva, seas o no creyente nunca se asocia con nada negativo, así pues, que termine en el cielo con un ángel con cabeza de toro dándole la bienvenida no me parece del todo negativo. De ahí que no comprenda el final.

  • Wolfdux @Wolfdux hace 2 años

    No me enrollo más, voy a las cosas que hay que revisar:“—Eres un egoísta. —Rompe a llorar. —Siempre me has tratado como a una mierda. No sé como he aguantado, pero se acabó. Quiero el divorcio. Y no te preocupes, nunca más volverás a ver a tu hijo.” el inciso tiene que comenzar y terminar con la raya de diálogo, y el punto debe ir tras esa raya. Tal que así: —Rompe a llorar—. “—Claro que sí, hijo. Mamá y papá vivirán en casas distintas a partir de ahora, pero tú puedes venir a visitarme cuando quieras. —Coge una caja envuelta en papel de regalo y se la da. —Toma, te he comprado un regalo.” lo mismo que arriba. Para terminar, falta la tilde en “traquea”. Un saludo.

  • Manu R. Aliau @MRAliau hace 2 años

    Tienes toda la razón con las correcciones @Wolfdux, no sé en qué estaba pensado cuando lo escribí, porque tengo bien aprendido el uso de los guiones. Gracias por tomarte la molestia de hacérmelo saber :) Sobre el final, no diré mucho. Sólo que para mí no es negativo. Mi intención no es que parezca que el ángel con cabeza de toro va a castigar al señor. A partir de ahí, cualquier interpretación que se le quiera dar es buena ;) ¡Saludos!


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