Con 32 años es el Almirante más joven de la Flota Estelar Terrestre y el salvador de la Tierra. Ha superado incluso sus más ambiciosos sueños. Jonas sonríe ante el espejo y acto seguido cierra los ojos con fuerza. Todo sería mucho mejor si no le doliera tanto la cabeza, si no tuviera fiebre, si los ataques de vértigo no le dejaran agotado... Nunca ha tenido una vuelta a la Tierra así.

Se moja la cara con agua fría, se coloca bien la corbata y acaricia la seda brillante; es su corbata de la suerte, blanca con un estampado de angelitos plateados. Respira hondo y sale del baño.

El comunicador le vibra en el bolsillo. Es el doctor Zafra, ha terminado de analizar las muestras extraídas a su llegada y le pide que acuda de inmediato al hospital.

Preocupado, Jonas regresa a la sala del hotel para avisar a sus superiores. Después de todo, es una fiesta en su honor.

—Un regalo de parte de toda la tripulación —le intercepta al llegar uno de sus oficiales. En las manos lleva un regalo envuelto en brillante papel dorado.

Jonas lo coge y al instante sabe lo que es; una de sus debilidades que rozan lo legal: una caja de madera tallada y ornamentada con gemas silurianas. Las colecciona. Por el rabillo del ojo distingue al Capitán General Reese y al Teniente González entre la multitud, les sigue con la mirada y les ve desaparecer por una de las puertas laterales. Recuerda el mensaje del doctor y devuelve la caja envuelta a su compañero.

—Déjala en mi sitio, tengo que hablar con el Capitán General. Y dale las gracias a los chicos.

De camino a la puerta un par de periodistas tratan de retenerle con preguntas sobre su tiempo preso en Xhefrus, pero les ignora.

Una vez fuera, en el silencio del pasillo desierto, la voz apremiante de su superior llega a él. Le sobreviene un nuevo ataque de vértigo y avanza con dificultad. Finalmente se apoya contra la pared y escucha.

—Tendría que estar muerto. Dijiste que nadie sobreviviría más de 48 horas a ese cóctel de virus.

—Yo qué sé, nadie lo ha hecho hasta ahora.

—Es tu responsabilidad, tu le propusiste como candidato. Un mindundi al que nadie echaría en falta. Hemos perdido años entrenándole y no solo ahora no está muerto, nos hemos quedado sin guerra. Y sin guerra no hay dinero.

No puede ser. Todo este tiempo le han utilizado y ahora quieren matarle.

Jonas olvida su malestar y corre hacia ellos. Se abalanza sobre Reese y aprieta las manos en torno a su cuello. El Capitán General trata de zafarse y mientras González avisa a seguridad, que aparece al poco con los periodistas.

Jonas acaba contra el suelo y las manos esposadas a la espalda. Agotado y mareado escucha tras él:

—Ha resultado ser un espía Xhefru. Quería ascender en la flota para preparar un gran ataque terrorista. Será sentenciado a muerte por traición.

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