—¡Hermana, salgamos a defender lo que es nuestro!

Agustina, con el cabello alborotado y las mejillas arreboladas, tomó un largo cuchillo de cocina y lo enarboló con seguridad.

—Insensata, más vale que te quedes protegiendo al fruto de tus entrañas a que pierdas la vida por mantener una plaza que está ya en manos francesas.

—Aun no han entrado en la ciudad. ¡Mira cómo salen a ayudar las mujeres!

—Nuestro lugar está en casa —contestó Carmen, meciendo entre sus brazos al pequeño Juan —. Juré a tu esposo que os protegería a ti y a su hijo.

—Él se sentiría orgulloso de mi valor —replicó Agustina, abriendo la puerta—. No pienso quedarme aquí esperando a que lleguen los gabachos.

—De acuerdo, ¡tú sabrás lo que haces!

Carmen, apretando los dientes con rabia, le lanzó una botella de vino que se estrelló contra la pared, dejando a su paso un reguero carmesí.

—¡No esperes que llore tu muerte!

Agustina escuchó los gritos de su hermana mientras corría escaleras abajo. Cuando salió a la calle, le recibieron el olor a pólvora y sangre. Se le encogió el corazón al pensar en las penurias que debía estar sufriendo su marido, artillero destinado en la lejana Barcelona.

—Ayuda por Dios —clamó un joven soldado haciendo frente al estruendo de las bombas —, ¡están entrando por la puerta de Portillos!

—Dígame, ¿qué puedo hacer para ayudar?

El zagal miró con condescendencia el cuchillo que aun esgrimía Agustina.

—De poco nos sirve una mujer en la batalla —contestó alzando la barbilla —. Quédese rezando.

Agustina sintió la rabia hirviendo por sus venas y sin mediar palabra echó a correr hacia el oeste, donde una columna de humo negro advertía el lugar de la contienda.

En la muralla, la joven tuvo que sortear decenas de cuerpos sin vida mientras mascullaba pequeñas plegarias por sus almas, cuando una granada impactó a pocos metros de ella, frente a la entrada de Portillos donde los artilleros luchaban con ferocidad.

La onda expansiva le hizo caer de bruces al suelo, sentía los oídos explotar de dolor y por un momento pensó que iba a morir. Recordó las palabras de su hermana. No vería crecer a su hijo ni volvería a besar los labios de su amado… «Pero aun sigo viva. No me rendiré sin luchar», se dijo instantes después, notando el latido de su corazón en el pecho.

Se incorporó con cuidado y descubrió aterrada que todos los soldados que defendían la puerta, habían caído. Un solitario cañón descansaba en medio del mar de cadáveres. Y Agustina supo lo que debía hacer.

—¡Juro por la Virgen del Pilar que defenderé Zaragoza hasta mi último aliento! —gritó con fervor.

Los soldados heridos corearon sus palabras y ella buscó una antorcha con la que prender la mecha del cañón, como tantas veces había visto hacer a su esposo.

—¡Por Zaragoza!

El sonido de la metralla ahogó sus palabras pero no su hazaña, que sería recordada en los anales de la historia.

Comentarios
  • 6 comentarios
  • Elein @Elein hace 1 año

    De una maña enamorada de este relato, solo ¡gracias! ^^

  • Wolfdux @Wolfdux hace 1 año

    Hola Coral, tras leer tu relato me pregunto si te han aceptado el requisito de la mujer guerrera como válido. Ya que creo que los requisitos decían que tenía que serlo de oficio y en este caso no me da esa impresión. Por otro lado, me ha parecido ver dos "aun" que deben ir tildados. Los diálogos, el ritmo y la fuerza del relato son una gozada. Un abrazo.

  • Coral Mané @coralmane hace 1 año

    @Elein, ¡muchas gracias por tus palabras! No sabes la ilusión que me hace que una zaragozana se haya enamorado de mi Agustinita... ¡Mil besos! @Wolfdux, no lo han aceptado y me han penalizado por ello. Aunque entiendo su postura, me da un poco de rabia, ya que luego Agustina fue condecorada en el ejercito por su hazaña, de modo que pese a no ser guerrera de profesión, fue considerada como tal. Me alegro de que, sin embargo, te haya gustado. Otro abrazo y... ¡mañana mismo me paso por tu relato!

  • Elein @Elein hace 1 año

    @coralmane se debatió mucho sobre el requisito en este relato. Como bien dice @wolfdux no es su oficio, es una mujer que por las circunstancias decide tomar partido en la lucha. Respecto a que después sí se la considera así, eso lo sabe quien conoce parte de nuestra historia, no quien acota el conocimiento del personaje únicamente a lo que refleja el relato. Con el relato no se puede conocer el futuro del personaje (solo se menciona que su hazaña pasa a la historia, nada más), es por ello que se invalidó. Una pena, te lo digo de corazón...

  • Hola, Coral. Me tocó reseñar el cuento. Ya te dije que, aunque me pareció no te habían aceptado el requisito de 'guerrera', a mí si me se me hizo una mujer de armas tomar (incluso un poco exagerada). Aparte, la Agustina real sí que acabó alistada y como militar de carrera. ¿Lo era cuando el famoso sitio de Zaragoza? No, pero de todas maneras hizo algo que mucho otros no hubiera hecho. Sólo el estar ahí y no huir ya la hace más guerrera que muchos. Ya te comenté los defectos que vi. Lo dicho: otro mes, con más tiempo (y sobre todo calma), seguro que te sale algo mucho mejor. Un saludo.

  • Somoza @Somoza hace 1 año

    En mi humilde opinión, deberían haberte aceptado el relato ya que, por definición, un guerrero es aquel que guerrea. Diferente sería si hubiesen expresado que debía ser un soldado. Magnífico relato. Enhorabuena


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