Al entrar en el barracón, el olor a sudor la golpeó sin piedad.

—Cada vez os mandan más jóvenes y escuálidas, novata —dijo un hombretón pelirrojo, de gesto adusto, acercándose a ella—. Soy Rohl, tu oficial. ¿Qué delito has cometido?

—Ninguno. —El hombre levantó una ceja, incrédulo—. Suspendí el examen de artificieros. Me han reasignado.

Los demás compañeros dejaron sus quehaceres y la miraron perplejos. La mayoría de ellos era carne de horca que había conmutado su pena por servicios patrióticos.

—Alistarse en tiempos de guerra… Estás loca. —Señaló la puerta—. Entrenaremos en el patio.

Ignorando las miradas, la chica dejó su petate. Sin avisar, Rohl saltó sobre ella dándole un fuerte golpe en los senos, la cogió por los cabellos y le puso un cuchillo en la yugular.

—Estás muerta —le susurró—. Te espero fuera.

La joven salió al patio con el pelo trenzado en un moño bajo y una venda en el torso que recogía sus pechos.

—Parece que tienes algo de seso, novata.

Ella lo miró, desafiante, y clavó la espada en el cuadrado de entrenamiento.

—Me llamo Kalhúa, señor.

Kalhúa había desarrollado su musculatura y resistencia en los meses de duro entrenamiento, pero, tras dos semanas de marcha bajo la lluvia, todos estaban exhaustos y de mal humor cuando llegaron al campamento. Aun así, nadie durmió aquella noche. Algunos portaban mensajes entre oficiales, otros afilaban sus espadas, muchos rezaban a los dioses, incluso alguno bebía vino, buscando el valor perdido.

El sol asomó en el horizonte y los tambores llamaron a filas. Sonó el primer cañonazo y el ejército marchó. Sonó el segundo y todos formaron, tensos. Con el tercero, se lanzaron a la batalla.

—¡No te separes, novata! —le gritó Rohl en medio del estruendo.

Los ejércitos se retiraron al anochecer para descansar. Con las manos llenas de llagas y los músculos desgarrados, Kahlúa y Rohl habían sobrevivido. También resistieron al día siguiente, y al otro, y otro más; pero sus compañeros fueron cayendo hasta dejarlos solos junto a la hoguera.

La quinta noche, el hombre y la joven subieron al cerro donde se encontraban los cañones.

—¿Y los artificieros?

—Habrán muerto o desertado —contestó Rohl.

—Siempre quise disparar las salvas —comentó Kalhúa acariciando uno de los brocales.

—Pues hazlo. —El hombre sacó yesca y pedernal—. ¿Qué? Hiciste el examen, sabrás cómo funcionan estos cacharros, ¿no?

—Sí, pero si se enteran…

—Mira a tu alrededor, niña. Estamos muertos.

La muchacha observó cientos de hogueras enemigas a lo lejos. En su propio campamento apenas sumarían cincuenta.

—Enviarán refuerzos —susurró sin esperanza.

—¿No lo entiendes, novata? Esto es la guerra, y nuestro ejército está compuesto por asesinos y ladrones. —El pelirrojo rebuscaba algo en una caja—. Así que cumple tu sueño, y luego muere conmigo por la gloria de la corona. Pero antes —dijo sacando una botella de vino y lanzándosela— bebe conmigo.

Kalhúa bebió y disparó el cañón no una ni dos, sino tres veces. Y, después, luchó junto a Rohl.

Comentarios
  • 3 comentarios
  • Wolfdux @Wolfdux hace 1 año

    Creo que en la frase inicial del relato hay un laísmo, pero a estas horas de la noche, ya ni yo mismo estoy seguro, jeje. La transición entre que ella llega y marcha a la guerra, se me hace muy escueta, he tenido que releer dos veces el párrafo para enterarme de ese paso de tiempo. Creo que podrías conseguir más profundidad en el personaje de Rohl si este dejara de llamarla novata en algún momento. Si quieres seguir remarcándolo, podrías cambiar el último “novata” por Kalhúa para así darles un punto de unión más allá de la camaradería del campo de batalla, no sé si me explico. Para terminar, me ha llamado la atención el último diálogo: “Pero antes —dijo sacando una botella de vino y lanzándosela— bebe conmigo.” no has colocado ningún punto o coma, tras la raya de diálogo. No considero que sea incorrecto ni mucho menos, ya que es correcta la forma en que lo haces, pero rompe con la homogeneidad del relato. Un relato que se lee de una pasada. Felicidades.

  • Audru @LMMateo hace 1 año

    Hola, Wolfdux: Antes que nada, gracias por pasar por aquí. Siempre es agradable encontrar comentarios de los viejos amigos de letras. A ver, creo que no hay laísmo. El verbo golpear es transitivo y si pasamos la frase a pasiva "ella" sería el sujeto. También dudé y es porque, como buenos catalanohablantes, sufrimos de leísmo encubierto. XD. Lo del "la dije" se lo dejamos a los compis del centro peninsular. La transición se hace escueta por dos motivos: no hay separación (doble espacio) entre párrafos, porque se me pasó en el formato poner asteriscos. Eso no me vuelve a pasar ya. Por otro lado, el relato original tenía casi 1100 palabras, así que tuve que recortar mucho. Y claro, quedó en plan montaje de película de serie Z. Gracias por el apunte sobre la relación entre Rohl y Kalhúa. Me gusta ese pequeño cambio, así que lo apunto para la edición. Por último, sí, tienes razón. Debería ir una coma tras ese inciso (juraría que lo había puesto, pero como hice la corrección con un goblin pegado a la teta... vaya usted a saber). Muchas gracias por los apuntes, te devolveré la visita en cuanto pueda, que aún no me ha dado tiempo a ir leyendo los relatos de los compañeros. Un besazo, espero que estés pasando un agosto creativo. :*

  • necrox1412 @necrox1412 hace 2 meses

    Me gustó tu relato aunque tengo la duda de si se desarrolla en un escenario histórico o en uno fantástico como las novelas de la primera ley y esa nueva fantasía de mosquete y pólvora. Por si te interesa podrías leer mi poema oda a la locura y comentarme que te pareció.


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