Juan, colocó, cada plato en su correspondiente lugar, pero al tirar de una servilleta granate, un cubierto puntiagudo salió rodando por el suelo.

- Recogeló - indicó Lara.

Juan negó y no buscó el cubierto.

Estaban junto a la piscina. Juan se encontraba nervioso, deseaba soltar aquella pregunta por meses.

Tras terminar la cena, Juan incó su rodilla en el cespe, cerca de la silla donde Lara se encontraba sentada, tomó la cagita de terciopelo que llevaba toda la boche en su bolsillo y dijo:

- Casate conmigo.

Lara, que se encontraba con el bañador y descalza, aceptó con una gran sonrisa.

Tras varios besos, la temperatura se fue calentando.

La tomó en brazos y caminó por el césped en dirección al cuarto.

- Joder. - Juan se había pinchado con el tenedor en el pié.

- Te lo dije. - soltó Lara - Te advertí que alguien se pincharía.

Juan se miró el pié, la sangre manchaba el césped, Lara curó a Juan y siguieron su destino, hasta el cuarto.

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