Como a eso de las diez de la noche llegó al restaurante un grupo de personas. Parecían muy unidos porque todos reían. Cuando la mesa estuvo servida el mesero tuvo que poner un tenedor nuevo porque de alguna forma el que había puesto se había extraviado. Durante la cena la mujer del vestido rojo se puso muy callada, luego el hombrecito de traje a cuadros a su lado, y así uno por uno el resto de los comensales, hasta que hubo en la mesa un silencio incómodo. Después de eso no tardaron en pedir la cuenta y retirarse del lugar sin terminar el postre. — ¿No es esa la mujer que estuvo el otro día cenando aquí? Preguntó uno de los meseros a un viejo barman ocupado en la caja registradora — sí, voy a subir el volumen de la tv para saber qué están diciendo. En el mismo momento en que subía el volumen el presentador cambio de noticia y ya no pudieron saber de qué se trataba el informe en el noticiario. — Rayos, y ahora qué hacemos para saber. — Solo hay que ver la repetición en la emisión de las nueve. pero a las nueve ya no estamos de turno. — Así es. puedes ver el referido desde tu casa. — No voy para la casa. Tengo una cita. — No seas bruto; pero si tu eres casado. — Una canita al aire cada año no hace daño. — ¿Y si tu mujer se entera? — no va a enterarse, nunca lo hace. — No me parece que la andes engañando, mejor entonces porque no te marchas de su lado. — No seas rídiculo, no voy a hechar por la borda quince años de matrimonio. Me parece que lo normal es darse un respiro de vez en cuando. La noticia se trataba de el asesinato de un hombre de mediana edad. Según lo que entendí al parecer la mujer en un ataque de ira hirió a su hombre de muerte con la ayuda de un tenedor. El arma homicida encontrada en la escena estaba contra marcado con el nombre del restaurante donde días antes la pareja había estado cenando. La mujer fue puesta en custodia en tanto los investigadores armaban un caso con todas las evidencias. La investigación arrojo resultados inmediatos con los cuales se pudo poner tras las rejas al autor del asesinato. Según las investigaciones la víctima se desangró en cuestión de minutos.

Como el arma homicida procedía de un lugar de alto prestigio, los noticiarios evitaron cualquier comentario al respecto. —Te lo dije; una mujer engañada puede perder los estribos y cometer cualquier imprudencia. ¿No lo crees así? — Creo que estas cosas solo pasan a uno en un millón. Mi mujer está lejos de cometer un acto tan brutal como este. — aun así pienso que una mujer herida es capaz de cualquier cosa con tal de lograr su venganza.

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