Amparado en la noche sin luna, Zorga saltó el murete decrépito y se adentró en los jardines asilvestrados, directo hacia las ruinas del palacio. Corrió con ademán furtivo. Notaba cómo en su interior medraba la hiedra del terror, devorando la curiosidad.

«Debo descubrir qué significan esas luces», se dijo intentando aplacar el pavor creciente. «No huiré».

Tea en mano, recorrió pasillos, examinó estancias. Necesitaba hallar una explicación para las luminarias fantasmales que recorrían las ruinas.

De repente, el suelo cedió a sus pies.

—…ignorarás que, hace tiempo, el escafismo era un espectáculo público —decía una voz.

Una sensación de agotamiento cálido dominaba a Zorga: no podía moverse, pero logró abrir los ojos. A unos diez palmos flotaba una de aquellas luces. Entre él y la esfera luminosa, eclipsándola, se perfilaba una silueta encapuchada. El extraño alzó un tenedor y examinó la carne en él ensartada. Luego se la llevó a la boca.

—¡Deliciosa! ¡Se derrite en el paladar!

La luz orbitaba con lentitud en torno al individuo. Éste siguió hablando:

—¡Ah, las ejecuciones! Colocaban las artesas de vidrio en la Plaza Mayor, rodeadas de graderíos. —Los cubiertos buscaron la carne—. ¡Cómo disfrutaba la plebe con el espectáculo! Celebraban subastas por los puestos de la segunda fila. —Zorga empezó a discernir unos rasgos poderosos, inquietantes—. Lo recuerdo tan bien: pagaban pequeñas fortunas para ver de cerca cómo los ajusticiados se diluían en sus propias heces, devorados por las larvas.

De repente, con una mezcla de horror y maravilla, Zorga comprendió: «Es un Amo. ¡Un legendario Vol-Señor!».

El cuchillo atravesó la piel fermentada, el músculo macerado. Llegó al hueso, que se quebró, crocante. El Amo abrió la incisión con el tenedor.

—Los primeros asientos, por supuesto, nos pertenecían —la jactancia engolaba su voz—. Al igual que los reos.

Zorga sólo tenía ojos para aquel rostro.

El Amo se llevó un bocado chorreante a los labios:

—¡Qué manjar! ¡Cuánto tiempo…!

El tenedor vacío jugueteó entre los dos rostros. La volámpara le arrancó destellos húmedos.

—Aunque, ¿cómo podrías tú saber nada de eso? Desde entonces han pasado miles de vuestros años. —Un latigazo de enojo sacudió al Vol-Señor—. No quedan registros de esa época. Maldito tiempo, fluye imparable —dijo con pesar—. Sus meandros traicioneros sepultan edades que jamás deberían olvidarse.

»La gente cambia. Pero unos pocos, auténticos efimeranos —sonrió—, resistimos… y recordamos.

Los cubiertos se lanzaron sobre la carne con avidez.

Zorga, perplejo, hechizado, intentaba asimilar su situación, analizar aquellos rasgos prohibidos. «Su rostro. Estoy viendo su rostro».

—Así llegamos a ti, querido. Te lo dije: «La gente cambia». Maldita ciencia. Ahora nacen generaciones como la tuya. Engreídos, iconoclastas que reniegan y olvidan lo más sagrado de la ciudad: nosotros.

El Amo rezumaba reproche. Clavó con furia el tenedor en el corazón palpitante e hizo palanca. Zorga, sometido al mesmerismo, apenas notó nada. El órgano salió escupiendo sangre almibarada.

—¡Delicioso! —exclamó el Vol-Señor.

Zorga, inmerso en los miasmas de la artesa, medio despedazado, sólo tenía ojos para aquel rostro inaudito.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Wolfdux @Wolfdux hace 2 años

    Buen relato Juan. Siguen sin convencerme esas negritas para separar "escenas", además, la segunda al estar en un diálogo ya comenzado se me hace muy rara y creo que puede llegar a confundir al lector. "—Los primeros asientos, por supuesto, nos pertenecían —la jactancia engolaba su voz—. Al igual que los reos." Aquí el inciso debería de empezar con mayúscula, y por lo tanto colocar un punto tras "pertenencia". Luego al final, hay otro inciso "sonrió", al que le pasa lo mismo que en el caso anterior. Por lo demás, creo que te ha quedado un texto bordado. Leyendo tu "Acerca de" me sorprenda la no inclusión del requisito del tenedor. Un abrazo.

  • Buenas. Lo de las negritas ya lo he comentado. A ver si me entero de cómo se hace para poner un doble retorno de carro, y así dividir de una manera visual las secciones. Lo de 'la jactancia', no sé porqué pero se me hacía que 'engolar' tenia características de verbo dicendi. Pero si no lo es pues nada, se cambia :) En efecto, ese sonrió está mal. Un saludote.


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