—Aquí tienes —dijo depositando la bandeja a su alcance.

Fenri miró con repugnancia el cuenco de sopa agria y el filete quemado. A su lado se encontraban una cuchara y un tenedor mugrientos que poco invitaban a su uso.

El secuestrador se alejó a grandes zancadas mientras el prisionero soltaba improperios y amenazas fútiles.

El angelote se lamentaba por su mala suerte. Su curiosidad por descender y explorar el mundo humano le había sentenciado. Había robado una reliquia que le permitía viajar allí. Lo que nadie le había explicado era que tanto sus alas como el resto de sus poderes serían absorbidos por el artefacto, pudiendo recuperarlos únicamente cuando regresara.

La mala fortuna le había hecho toparse con un par de rufianes al aparecerse en un barrio de mala reputación. Tan pronto como el haz de luz se disipó, se arrojaron sobre él, golpeándole y robándole el objeto dorado. Así había acabado, encadenado en un sótano mientras los dos indeseables se preguntaban cómo sacar mejor provecho de él.

Varios moratones y pequeñas laceraciones cubrían su cuerpo, pues aquellos indeseables parecían divertirse con su dolor. Había perdido la noción del tiempo. ¿Cuánto habría pasado? ¿Habría notado alguien su ausencia en el Edén?

Con gesto cansado, volvió a mirar a los alrededores por enésima vez, por si se le había pasado por alto algún detalle que le permitiera liberarse. La sala estaba completamente vacía, iluminada por una tenue luz que relampagueaba a menudo. Un par de grilletes rodeaban sus muñecas. La cadena se anclaba a la pared, permitiéndole suficiente movilidad como para comer los desechos que le ofrecían. Solo sus piernas estaban libres.

Horas después, los secuestradores volvieron a aparecer. Una pérfida sonrisa desfiguraba sus hoscos semblantes. Le miraron con lascivia y perversión. El ángel sintió un escalofrío y pudo imaginar un poco mejor cómo debía de ser el infierno.

El más grueso sostenía una especie de tenazas en la mano, mientras el otro se burlaba mostrándole su anhelado objeto mágico.

—¡Devolvédmelo ahora mismo! ¡Si me hacéis daño mis hermanos os matarán de inmediato!

—¿Ah sí? ¿Y dónde han estado todo este tiempo? ¿Viendo cómo te golpeábamos?

Ambos rieron mientras Fenri agachaba la cabeza, hundido.

—Veamos si les gusta lo que viene a continuación. —El secuestrador le agarró por la mandíbula—. Vamos, saca la lengua, pequeño.

Fenri palideció. Adivinó de inmediato lo que pretendía hacer y su cuerpo se movió por instinto. Con el pie golpeó sus genitales tan fuerte como pudo y se lanzó a por el tenedor, clavándoselo en un ojo. Aquello les pilló por sorpresa y el otro secuestrador dejó caer la reliquia mientras intentaba socorrer a su compañero. Fenri se abalanzó sobre ella y una potente luz envolvió su figura, haciéndole desaparecer ante los sorprendidos matones.

—¡Te lo dije! —Increpó uno, mientras el otro gritaba cubriendo su ojo—. ¡Deberíamos haberle dejado morir de hambre!

Así fue como Fenri aprendió la lección y escondió la reliquia para que ninguno de su especie volviera a encontrarla.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Ángela Giadelli @Angie hace 2 años

    Ay, ¡qué ganas tenía de leer tu participación! Me dejaste muy intrigada cuando hablamos, porque tenía curiosidad en cómo ibas a enfocarlo :) No sé, creo que este reto era más difícil de aplicar al ámbito fantástico que se te da tan bien, Elein, y estaba expectante a que se publicara para venir a chismear jajaja! Me parece muy original que eligieras de personaje principal a un ángel, la verdad. Es como imprevisto, no me lo imaginaba pero no desentona en absoluto. Ahora veo que sí que podías estar contentilla con tu relato, amore :) Beso!

  • Wolfdux @Wolfdux hace 2 años

    Buen relato @Elein. ¿Ese "increpó" esta bien escrito o debería de ir en minúscula? Un saludo.


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