Me cuesta respirar. Me duelen las piernas. Me arden los pulmones. Me esfuerzo por seguir adelante, poniendo un pie delante del otro lo más rápido que puedo. Las hojas caídas crujen bajo mis zapatillas. Muevo los brazos mientras corro, a medias para mantener el equilibrio y a medias para apartar las ramas que me golpean en la cara y el cuerpo mientras huyo.

Aún puedo oler el humo a mis espaldas. Aún puedo escuchar sus gritos persiguiéndome. Aún puedo ver la sangre saliendo de sus cuerpos caídos, pero la oscuridad es mucho peor. Me envuelve y me atrapa dejándome sin aire en una falsa ilusión que crea mi miedo. Desde pequeño tengo a mi pelotita de luz, en la mano o revoloteando a mi alrededor, para vencerla, pero tengo tanto miedo que no consigo concentrarme e invocarla.

¿Me están siguiendo? No lo sé. No puedo pararme para descubrirlo o me paralizará el pánico. Sigo corriendo.

- ¿Qué les hemos hecho? ¿Por qué nos odian tanto? – recuerdo haberle preguntado muchas veces a mamá.

- Somos diferentes, cariño. – solía responderme. – El mundo teme lo que no entiende.

- Pero si no hacemos daño a nadie. – protesté muchas de esas veces. – Vivimos en el bosque.

Mi madre respondía con una sonrisa triste y me mandaba a jugar con mis primos. Toda mi familia es diferente. Podemos utilizar la energía que nos rodea y concentrarla de forma que ellos, los simples humanos, solo pueden imaginar. Por eso vivimos en el interior del bosque en unas cabañas que habían construido los mayores antes de que naciera, para poder vivir en paz. Toda mi vida ha transcurrido aquí, entre libros y juegos, hasta que ellos entraron y la destrozaron sin motivo alguno.

Aparto una rama sin tocarla, asustando al búho que está posado sobre ella. Se escapa volando mientras ulula, un grito más que se une a todos los que ya se han derramado esta noche. Le sigo desesperado, cada vez más cansado, alimentándome de la ira y el horror por lo que he visto esta noche.

Mamá decía que no todos eran iguales, que también había gente buena entre ellos, gente a la que nuestros poderes no les importaban. Necesito a alguno de esos. Alguien que crea mi historia. Alguien que no me vea tal y como soy. Un arma, una bomba a punto de explotar, porque explotaré. Solo necesito encontrar el momento adecuado.

Salgo de repente a la carretera, braceando para mantener el equilibrio y no comerme el asfalto. Por suerte no pasa ningún coche, no hay testigos de mi salida del bosque. Estoy manchado de polvo, sudor, hojas, tierra y sangre. Parezco un desastre y eso es bueno para mí.

Echo a andar con la esperanza arraigando en mi interior. Espero que crean que no me acuerdo de nada cuando me encuentren. Espero que me acepten entre ellos. Espero volverme más poderoso. Espero poder destruir a los humanos, igual que ellos hicieron los míos. Espero poder vengarme.

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