Apenas quedaban cien metros para el último control. Podían ver la zona pública del JFK tras la barrera de policías NBQ y escáneres. Casi lo habían logrado. Pepo sonrió, pero un ataque de tos quebró su gesto.

Resistie, tovarisch. No queda nada.

El gallego miró a su compañero con ojos inflamados.

Carallo, Dmitry. Lo sé.

Los dos hombres se ocultaron tras una columna. Aprovecharon esa chispa de intimidad para abrazarse, un contacto que apenas duró un segundo. No necesitaban más.

—Ale, ruski. Quiero verte atravesar ese control con sentidiño.

Da, Pepo.

Dmitry tomó del brazo una última vez a su compañero y musitó:

—¡Poyejali!

—Por un mundo enxebre, hermano Rhesus —replicó Pepo reprimiendo otro estallido de tos.

—Da, hiermano Gibón: porr un miundo limpio.

Los labios de Pepo dibujaron un «Ve» que Dmitry se apresuró a cumplir. Sin mirar atrás, caminó hacia el control. A medida que se acercaba notaba cómo el trolley pesaba más y más. Parecía imposible, pero ese montón de ropa inútil se había convertido en una especie de ancla.

Cuando se detuvo ante el escáner, emitió un gemido de alivio.

—¿Se encuentra bien, señor? —La agente le miró con esa suspicacia hosca de sabueso de Fronteras.

—Sí, sieniora. Yo estar bien —dijo tendiendo el pasaporte y el visado sanitario—. Quiansada, nada más.

Aquel era el momento clave: ¿habría hecho Pascal un buen trabajo? La policía introdujo las tarjetas en el terminal. ¿Superarían el análisis heurístico las credenciales falsas de biolimpieza? Mientras, el escáner termoTAC digitalizaba el cuerpo de Dmitry. El arco lució verde. Perfecto: su organismo no mostraba síntomas infecciosos.

«Bien por los chicos del nivel 4», pensó aliviado.

La agente se giró hacia Dmitry.

—Todo correcto, señor Bulgakov. Pase —le ladró la cara de perro. Le tendió los documentos con un asco nada disimulado.

««Idiota recelosa. Su jodido país ha contaminado el planeta tanto que nos ha llevado a la destrucción».

Spasibo —replicó forzando una sonrisa.

La maleta ya no pesaba, pero Dmitry caminó con calma contenida. Ardía en deseos de lanzarse a correr, de subir a un taxi… Pero no lo hizo. Tenía delante otra patrulla. Armas de repetición, calibre corto. Quizá algo testimonial, pero no podía arriesgarse.

«¿Y Pepo?».

De manera subrepticia se volvió. El gallego había llegado al escáner. La mujer-perro examinaba sus documentos. De repente, del termoTAC emergió un aullido insoportable. La zona quedó inmersa en oscilante luz roja.

—¡Alto! ¡Al suelo!

Las armas apuntaban a Pepo. Él alzó las manos… pero le sobrevino un ataque salvaje de tos. Incluso a esa distancia, Dmitry vio cómo las flemas salpicaban a la mujer-perro.

No dudaron: le acribillaron. Gibón, el mono once, había caído.

Dmitry escuchó gritos a su espalda:

—¡Apártense!

La patrulla le rebasó. Corrían hacia Pepo.

El ruso bajó la cabeza. Debía salir, aprovechar la confusión.

Solo se relajo al cerrar la puerta del taxi.

Rhesus, el duodécimo mono, seguía vivo. El virus seguía latente, asintomático: eso le daba horas, quizá días, para propagarlo.

Y purificar el planeta.

Comentarios
  • 6 comentarios
  • Raquel Valle @ValleS hace 11 meses

    Enhorabuena por el relato! Algo nos pasa que hasta con un gallego y un ruso en un aeropuerto nos vamos a la ciencia-ficción ;)

  • Gracias :) Pues si, en lo que de entrada me sonaba a chiste al final hemos metido textos de cifi. Pero alguien ha metido otra cosa: comenté un cuento con cierto toque de fantasía, entremezclada con realismo. Un saludo.

  • Raquel Valle @ValleS hace 11 meses

    Está entre los 15 que aparecen aquí? Me has despertado la curiosidad

  • Wolfdux @Wolfdux hace 11 meses

    Grande Juan. Un abrazo.

  • @ValleS, el relato que te comento es 'Corre, que no llegamos'. La idea de fondo (o el mundo en sí que describe) podría resultar muy interesante, bien desarrollado. Y gracias por tus palabras, @Wolfdux. Por eso y por todo lo demás que aportas. Tú ya sabes de qué hablo ;)

  • Midyakri @Midyakri hace 11 meses

    Esta la ciencia ficción a tope este mes! Excelente relato!! Ahora quiero volver a ver los 12 monos...


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