Los aventureros estaban por llegar a la culminación de su travesía.

—Sigo creyendo que deberías estar mejor equipada para una misión como esta —dijo el elfo con reproche.

—Ya te he dicho, Lethril, que me ha costado sudor y sangre conseguir esta Armadura Morada Mística —. Adoptó entonces la guerrera una pose de heroísmo. —¿Acaso debo contarte nuevamente cómo me las arreglé para escabullirme en la guarida del Troll de la Montaña y derroté a su horda de lacayos para hacerme con esta poderosa armadura?

—Créeme que con las primeras quince veces me bastan —contestó Lethril con cansancio mientras seguía caminando por el bosque —, y si no te apuras nuestros objetivos terminarán por escabullirse también.

Ante esa respuesta, la guerrera hizo una mueca de molestia y apretó el paso.

—Lo que pasa es que los elfos no saben apreciar el buen metal — agregó molesta. —Ustedes siempre andan saltando de aquí para allá con sus ropitas de hojas y flores — acotó burlándose mientras pegaba brincos al rededor de su compañero.

Éste, al oír el estruendoso sonido metálico de la armadura de la mujer, saltó bruscamente sobre ella y la detuvo.

—¿Quieres parar de una vez Alfie? —. Le tapó la boca con la mano. —Y que ni se te ocurra decir una broma más cuando te suelte. ¿No te das cuenta de que si sigues haciendo ruido vas a arruinarlo todo? — terminó casi susurrando.

Luego de escuchar aquello, Alfie asintió con resignación, tras lo cual Lethril quitó la mano de su boca.

—A todo esto, sigues sin decirme qué es lo que estamos buscando — comentó con la voz más calmada.

—Te lo he dicho unas seis veces ya, pero nunca me escuchas por estar admirando tu mugrosa armadur... —interrumpió su frase para observar el entorno.

Habían llegado por fin al cruce del camino principal del bosque con la ruta que llevaba a la aldea más cercana.

—Este es el lugar donde se los avistó por última vez, así que estate atenta ante cualquier movimiento — dijo adoptando una pose de alerta.

Tras eso, la expresión de asombro inicial de la guerrera pasó a convertirse en una de orgullo.

—Tu quédate atrás que está armadura puede hacer lo que sea —. Desenvainó su espada y un aura morada comenzó a pasar desde el metal de su traje hacia la hoja haciéndola brillar con un poder asombroso.

Sin avisar, las hojas de un arbusto cercano se movieron violentamente. Al ver esto, el elfo se lanzó de picada entre ellas.

—¡Déjame algo para mí! —gritó emocionada Alfie lanzando un sablazo que provocó una onda de poder que voló una docena de árboles. Tras lo cual quedó tan exhausta que cayó desmayada.

Se hizo la calma, y de entre los escombros surgió Lethril sosteniendo en brazos un par de gatitos.

—Te dije que te equiparas mejor. Es un desperdicio de energía usar una armadura así de poderosa para buscar un par de gatitos perdidos.

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